
Cuando en la película "Liberen a Willy", el animal protagonista,
saltaba un muro para obtener la libertad, todos se alegraban;
actores y director, productores y público. Todos menos Keiko,
la orca que interpretaba ese papel.
La película
fue un éxito de taquilla, recaudó varios millones de dólares y
dio la vuelta al mundo. Sin embargo, Keiko no quedó en libertad
como Willy.
La historia
de Keiko
En 1979,
un pescador islandés capturó a Keiko, una cría de orca de apenas
2 años y aún sin destetar. La vende a un acuario local, donde
es adquirida tres años después por un parque de Marineland, en
Ontario, Canadá. En ese momento comienzan a adiestrar a Keiko
y aprende los trucos con los que más tarde divertirá al público.
También es entonces cuando le ataca una infección vírica que se
convierte en un pólipo de un metro cuadrado alrededor de su aleta
pectoral. En 1985, Keiko es adquirida por el parque Reino Aventura,
de cuidad de México, donde permanece 8 años. Pero Keiko casi no
puede nadar en piscinas tan poco profundas y la ausencia de empuje
ascensional hace que la aleta dorsal vaya disminuyendo lentamente.
En ese momento la descubren los cazatalentos de los estudios Warner
Brothers; que buscaban una orca dócil para un proyecto denominado
"Liberen A Willy".
A partir
de que, en 1993, la revista Life dio a conocer la vida real de
Keiko, llovieron miles de cartas y llamadas de protesta a los
estudios Warner.
Keiko pasó entonces a convertirse en emblema contra el cautiverio
de animales marinos, el vivo ejemplo de cómo el encierro puede
deteriorar drásticamente la vida de un animal, un error que no
debe volver a ser cometido.
La mano
del hombre
Algunas consecuencias
que padece Keiko debido al cautiverio:
-No sabe cazar. Al haber sido alimentado desde pequeño con peces
muertos (de la mano de sus entrenadores), no reconoce a salmones
y focas como presas; sino como compañeros de juego. Conclusión:
si fuera liberado en estas condiciones, moriría de hambre al poco
tiempo.
- No sabe el idioma de su clan materno. Cada manada de orcas tiene
un dialecto propio. De esta manera, cazan, se defienden, se reproducen
y sociabilizan con miembros de otros grupos. Consecuencia: si
fuera liberado y se topase con su clan materno, no sabría cómo
expresarse ni en que tono hacerlo. Las posibilidades de que un
clan extraño lo adopte son prácticamente nulas.
-Su sistema de sonar está atrofiado. Las orcas utilizan un sistema
de ecolocalización para orientarse y explorar su entorno. En cautiverio,
dejan de emplearlo porque el rebote del eco contra las paredes
del estanque, termina aturdiéndolos. Consecuencia: han perdido
uno de sus más importantes e útiles sentidos.
-Piensa que los humanos son sus amigos. A pesar de que las orcas
en libertad no atacan a los humanos, tampoco comen de su mano
o los pasean sobre sus lomos. Estos comportamientos son exclusivos
de orcas que han sido sometidas a entrenamiento. Consecuencia:
uno de los mayores cazadores del mar, se convierte en una sumisa
mascota; la cual, si fuese liberada, sería una presa fácil, tanto
para humanos como para otros predadores.
Por lo que
se ve, el daño causado sobre Keiko es muy grande, y dificulta
seriamente la posibilidad de una liberación exitosa. Enferma,
con una gran infección desparramada en su flanco izquierdo y con
sus hábitos naturales totalmente olvidados, su rehabilitación
es una tarea muy difícil.
¿Qué se
puede hacer?
· Envie cartas
de protesta a acuarios y parques marinos; haga saber que usted
no visitará esos establecimientos y exija la liberación de los
animales encerrados y el cese definitivo de la captura de nuevos
ejemplares.
· Participe de manifestaciones contra el cautiverio de animales
salvajes.
· Difunda la información concerniente al sufrimiento de los animales
en cautiverio.
Pero por
sobre todas las cosas, no visite parques marinos, trate junto
con su familia de ver a Keiko en cada orca de cada acuario que
exista en este momento, animales que fueron separados de sus madres
y fueron encerrados de por vida. Con nuestra visita, estamos sustentando
económicamente la captura de nuevos "Keikos", y justificando el
sufrimiento animal en pos del entretenimiento humano.
Sólo nuestra
compasión logrará que los padecimientos de Keiko no hayan sido
en vano.
Facundo Moyano