El vegetarianismo visto por un devoto de
Bhagavan Sathya Sai Baba
por Ricardo
Benadon*

"El cuerpo y la mente están estrechamente
interrelacionados, y ambos se sustentan con el alimento. Por lo tanto
el alimento tiene un considerable impacto en el carácter y
el destino del individuo. Según sea el alimento, así
será la mente; según sea la mente, así será
el pensamiento; según sea el pensamiento, así será
el acto. El alimento puro y moderado es el único capaz de mantener
a la mente estable y concentrada por completo en el Alma, la cual
debe ser objeto de contemplación si deseamos alcanzar la paz
interior". Baba
Hace muchos años mi entonces esposa sufrió una dolencia
que la llevó a seguir una dieta macrobiótica muy estricta.
La acompañé en este cambio, un poco por solidaridad
y otro poco por curiosidad, y ambos conocimos de cerca las bondades
de una dieta equilibrada. Dejamos de comer muchos tipos de carne,
especialmente la de cerdo, vaca, pollo, e incorporamos muchas cosas
a nuestra alimentación familiar, como ser un poco de pescado,
algas, cereales integrales, frutos secos, etc. No fue fácil
desapegar a nuestros 3 hijos en edad escolar de las gaseosas, el azúcar
refinada en cantidad, panchos, ‘chisitos’, milanesas, y tanto más.
Pero entre todos lo hicimos, paso a paso, sin forzar a nadie. Mi naturaleza
inquisitiva y virginiana hizo que leyera con atención a Tomio
Kikuchi, Georges Ohsawa, Michio Kushi, y otros no tan conocidos de
esa cosmovisión (ya que esto es la Macrobiótica y no,
como se piensa, una dieta más o menos milagrosa).
Fue
el primer paso. Poco después conocimos a quien fuera - y lo
sigue siendo - nuestro maestro espiritual, Bhagavan Sri Sathya Sai
Baba.
Fue
tal el impacto que nos produjo su aparición en nuestras vidas,
que no hesitamos en aplicar todo lo que pudimos de sus enseñanzas.
Ya no analicé tanto, y simplemente tomé al pie de la
letra sus palabras, como la ‘Voz del Sadguru (guru máximo)’.
Ahimsa, la No Violencia, entre otras muchas.
Pero
no estaba prestando atención realmente: al igual que todos
los Maestros, nos dice una y otra vez: “No crean lo que les digo,
experiméntenlo.” Pero es tan lindo y tan fácil tener
un súper papá que nos diga qué hacer sin tener
que pensar...Sobre todo cuando aceptamos sin más que se trata
de un Purna Avatara (Purna: pleno, completo; Avatara: «descenso».
Encarnación de la conciencia divina en el mundo), y nos encandilamos
con los milagros y las sincronicidades (1) que comenzaron a sucederse
(¿o a lo mejor uno está más atento...?)
Dejamos
de comer todo tipo de carne, y armamos una dieta mezzo ovo-lacto-vegetariana,
mezzo macrobiótica. En realidad, tampoco estábamos siguiendo
estrictamente sus recomendaciones, ya que comíamos huevos y
quesos, que normalmente se cuajan con cuajo animal. Pero hacíamos
lo que podíamos. (2)
Luego de varios viajes a India para disfrutar –la palabra queda corta–
de sus darshan (Visión directa de una persona santa o divina
quien otorga su gracia. Literalmente "respirar el mismo aire."),
empecé a pensar por mi cuenta, usando sus enseñanzas
como un farol que ilumina el camino, camino que cada cual debe recorrer
y construir paso a paso por sí mismo.
La
vida nos pone en presencia de personas que nos educan sin quererlo,
y está en nosotros el estar atentos a lo que nos aparece. Y
apareció Ernesto Flores, con una austera publicación
del CENECOS, donde explicaba con entusiasmo y experiencia los fundamentos
de la agricultura orgánica. Nos hicimos amigos, y hoy, muchos
años después de su partida, lo sigo recordando con afecto
entrañable. (3) Sin proponérselo, me abrió los
ojos a que la práctica de Ahimsa no es solamente dejar de comer
carne porque los animales sufren al ser sacrificados. Ahimsa debe
ser aplicada en todos los órdenes de la vida. No basta meditar
ocho horas por día tratando de unirnos con el Universo Infinito
o con la Forma Divina que más nos atraiga; todo está
mucho más cerca. Pero no por ello es más fácil,
ya que implica tomar partido, conciencia; no para dar batalla con
las mismas armas a los que nos agreden - ya que sería más
de lo mismo - si no aplicando en nuestro diario quehacer aquello que
creemos correcto. Pero teniendo en claro que querer transformar al
‘otro’ es querer manipularlo.
Lo
único que transforma al ‘otro’ es el ejemplo, no los discursos,
las arengas, las planillas con miles de datos que confirman estadísticamente
lo que proponemos como ‘La Verdad’. En primer lugar, porque no hay
‘otro’; es ni más ni menos que un reflejo nuestro. Tanto en
lo que nos atrae como en lo que nos rechaza. Además, La Verdad
última no puede ser aprehendida por el hombre, y todas son
verdades parciales, aún las que nos puedan parecer más
absurdas para alguien, es su verdad.
La
violencia es manipulación. Podemos lograr que el otro haga
lo que queremos poniéndole un revólver en la cabeza,
o manipulando sus sentimientos y emociones, condicionándolo
de acuerdo a nuestros intereses. Lo primero está prohibido;
lo segundo es aceptado sin mucho análisis. Esto es lo que se
hace por medio de la publicidad y el marketing, por medio de sus socios
putativos y necesarios, los medios, machacando hábilmente medias
verdades y las más de las veces mentiras absolutas, que a fuerza
de ser repetidas, quedan ancladas como verdades absolutas en nuestras
débiles mentes, inactivas en aplicar nuestro discernimiento
(viveka), por pereza; (es más fácil aceptar lo presentado
en campañas donde nos identificamos con jóvenes felices
que consumen todo aquello que los hace lucir así). Verdades
como, por ejemplo, el pretendido salto cuántico en el mejoramiento
de las tristes condiciones alimentarias de la mayoría de la
humanidad, gracias a los logros de las investigaciones sobre los OGM,
y su traducción en la universalización de la ‘nueva’
y ‘milagrosa’ agricultura, y sus maravillosos rindes, que permiten
un crecimiento económico fenomenal de los productores, los
ingresos por exportaciones de los mismos, y la multiplicación
de las toneladas, que aparentemente ayudarían a alimentar millones
o billones de hambrientos.
Esta
comida, aunque sea aparentemente sátvica (sattva: bondad, pureza,
armonía, lucidez, pureza, armonía, lucidez, verdad,
realidad, equilibrio), es sin dudas rajásica (rajas: pasión,
anhelo, actividad, lucha, inquietud, afán, dolor) por la energía
que la genera, que la produce, ya que el único motivador es
el lucro y la codicia. Cuando la energía es adhármica,
el producido no puede jamás ser dhármico (dharma: La
norma o ley cósmica, el «Gran Orden»; El Dharma
del hombre es ‘‘Rectitud’’ que implica armonía entre pensamiento,
palabra y acción; su significado literal es ‘aquello que mantiene
unido o ligado’ y es por lo tanto la base de todo orden, sea éste
social o moral. Como un valor ético o moral es el valor instrumental
que conduce a la liberación).
Y
aquí es donde comienzan a unirse varios de los aspectos referentes
al vegetarianismo.
Aspecto
Compasivo
Es
innegable que ingerir partes de un animal arriado con picanas, y transportado
en esos camiones que vemos en las rutas ya sin prestarles demasiada
atención, con una crueldad-insensibilidad inaudita, seres que
sienten en todo momento un sufrimiento y una angustia exactamente
iguales a las de un ser humano, lo que no es muy humano. ¿O
acaso el chillido de un cerdo al ser degollado, o el desesperado mugido
de una vaca al ser casi simultáneamente matada de una mazazo
y levantada todavía viva con un gancho atravesando su garrón,
o la mirada aterrada y muda de un pescado asfixiándose (técnicamente,
ahogándose) sobre el muelle o la cubierta de un barco pesquero,
son distintos a los alaridos de un hombre, mujer o un niño
sufriendo al ser asesinados?
Sí, hay estudios sobre lo que sienten las plantas, y también
los hay sobre lo que perciben los animales. Simplemente no se hacen
públicos. Ni nos queremos enterar. Pero no cabe duda de que
cualquier persona con un mínimo de sensibilidad que visite
un matadero en actividad, muy probablemente no comerá más
carne en su vida. Ni hablar de los niños, si fueran llevados
a ver cómo y donde se originan las milanesas, chickenitos,
salchichitas et al, ‘tan ricos’(4).
Aspecto
Espiritual
Todos
aquellos que aspiramos a un desarrollo espiritual, escuchemos lo que
nos dice Sai Baba al respecto: “bien se dice que la comida que ingerimos
determina nuestros pensamientos. ¡Cuan pecaminoso es alimentarse
de animales, seres que son sostenidos por los mismo cinco elementos
que los humanos! Esto lleva a tendencias demoníacas, amén
de pecar infligiendo crueldad a los animales.”
Los médicos se preocupan por el cuerpo físico, prestando
poca atención a la forma sutil de la mente. La Vedanta (parte
final del Veda; “conocimiento completo del Veda”) establece que la
mente es la causa de la liberación y de las ataduras del ser
humano. Esto significa que la mente debe ser usada adecuadamente y
tornarse hacia Dios. Asimismo, la mente es la responsable de la salud
o la enfermedad.”
Aspecto
Económico
Pero
para los que miden todo en términos económicos óptica
perfectamente válida, tan respetable como la religiosa o la
filosófica, ya que todas giran alrededor del ser humano y sus
problemáticas, resulta asombroso el no querer unir datos que
están a la vista. Demos un ejemplo actual y sencillo: nuestro
país está logrando un fenomenal ingreso de divisas por
la exportación de la soja, desde ya, transgénica. Pero
hay un dato que nadie se molesta en verificar: la ‘maravilla proteica
vegetal’ se usa para alimentar ganado, no seres humanos. O sea que
el reemplazo de carne animal por ‘carne’ vegetal, es una falsedad.
Es más, la soja cuyas semillas importamos no es apta para consumo
humano en los EEUU. Resultado: un círculo perverso, donde la
carne no solamente sigue sin ser reemplazada por una proteína
vegetal barata en la dieta de los hambrientos, si no que además
ésta arruinará en pocos años, indefectiblemente,
las tierras cuyos felices propietarios sólo saben mirar sus
inmediatos beneficios, sin querer darse cuenta que sus parcelas quedarán
yermas, y sus napas absolutamente polucionadas (debido a los fertilizantes
y herbicidas necesarios para el rinde prometido por los proveedores
de esas semillas), amén de vaciadas.
Aspecto
de Salud
Desde
este enfoque, es ya abiertamente aceptado que el consumo de carne
es perjudicial. Pero cuan difícil es dejar de aceptar aquellas
‘verdades’ internalizadas como por ejemplo, que nos da más
resistencia, más fuerza, más vigor. Lo opuesto es lo
real: la dificultad del ser humano para digerirla, por su contextura
dental e intestinal en particular, hace que nos haga sentir más
pesados, nos quite energía desviándola al proceso de
digestión, y nos llena de restos pútridos que no terminan
de ser excretados, generando una constipación mas o menos permanente.
Por otra parte, no hay más que ver la relación directa
entre consumo de carne y afecciones del sistema digestivo, por ejemplo,
cáncer de colon.
En resumen, debemos elegir entre ser cómplices, ‘ignorantes
a sabiendas’ de aquello que nos afecta directamente, en lo físico,
lo espiritual y lo mental, e indirectamente en lo social y económico.
O tomar la determinación de ser un poco más respetuosos
con nosotros mismos y con la naturaleza.
(1) Para Carl Jung, la sincronicidad (término
acuñado por él en 1930, y que define como "coincidencia
con significado para la persona que la vive") era una ley universal
cuyo fin no es otro que el de orientarnos hacia un crecimiento evolutivo
de la conciencia.
(2)
Veinticinco años más tarde, tanto yo como mis hijos-
ya grandes- y mis nietos, son vegetarianos.
(3)
Y hoy me encuentro con personas maravillosas que también lo
conocieron y devienen mis amigos, mis cómplices en esta nueva
visión de una Tierra más pura, más limpia y más
amorosa. Y debo aclarar que la mayoría no son vegetarianos.
(4)
Esto es también válido para los que hurgamos las etiquetas
tratando de enterarnos que es lo que da tan rico gusto a las gaseosas,
los jugos, las leches ‘fortificadas’ para el adecuado desarrollo físico
y mental de nuestros hijos (¡¿?!), los alimentos para
bebés, las salsas envasadas, las galletitas, etc., hasta las
que aclaran: “Sin productos de origen animal”.
*Arq. Ricardo Benadon
Marchand (Galería Guernica) en 1962/3 (época del Di
Tella), empresario, dueño de un banco, una joyería en
Washinton DC, una Clinica Modelo y otras empresas, hasta que a los
45 años, hace ya 21 años, decidió dejar ese mundo
que le daba un pasar más que cómodo, pero le resultaba
totalmente vacío y falto de sentido. Se dedicó a esculpir,
escribir, pintar. En 1986 conoce a Sai Baba, y su visión del
mundo comienza a entrar en foco. A lo largo de los años, se
compromete con la causa ecológica, vegetariana y orgánica.
Tradujo varios artículos del Inglés y Francés
sobre esos temas. Colaboró desde el puesto de Secretario en
la Fundación Sri Sathya Sai Baba de la Argentina. Formó
parte del Programa de Diálogo Intercultural de la UBA, y de
los encuentros Interreligiosos que se llevaban a cabo en la Iglesia
de Nuestra Señora de la Rábida. Actualmente trabaja
en un diccionario Sánscrito– Español, basado en la compilación
de otros existentes en español, Inglés y Francés,
así como en glosarios de cosmovisiones de diversas doctrinas
Hinduístas y Budistas. Alterna su estadía entre Buenos
Aires y Traslasierra, Córdoba.
Publicado en la Revista El Vegetariano Vegano Nº 22