Lo
que sigue es la opinión de uno de los más reconocidos
cinematógrafos submarinos, experto en tiburones:
Conocí
a Stuart Cove (nota: pionero y más importante operador
de shark dive) cuando estaba grabando la serie En busca
de los grandes tiburones. A pesar de su fama por haber sido
doble de James Bond y coordinador de varias producciones submarinas
para Hollywood, además de ser el primer operador de buceo
en llevar turistas a que asistan a la alimentación de tiburones,
es una persona simple y feliz.
Recuerdo que una de nuestras primeras conversaciones, me dijo
que todo lo que tenía se lo debía a los tiburones;
pues a través de ellos, montó una de las mayores
operadoras de buceo del mundo.
Pues
bien, hoy yo afirmo que los tiburones le deben mucho a Stuart.
En la isla de Nassau, en las Bahamas, donde se encuentra su operadora
de buceo, la pesca de tiburones está prohibida y es por
una razón simple: una encuesta reveló que el 40
% de los turistas que van a Nassau a bucear, lo hacen para ver
de cerca a los tiburones, trayendo aproximadamente 2 millones
de dólares a la economía del país. Así,
la conclusión es casi obvia; vale más un tiburón
vivo que uno muerto.
Además de su importancia para los tiburones bahamenses,
Stuart contribuyó mucho en cambiar la imagen de los tiburones
en el mundo entero, emisoras de tv de decenas de países
han filmado al hombre que alimenta a los tiburones, mostrando
a la audiencia que el temido rey de los mares no es tan malo como
pensabamos.
A lo largo de estos años seguí su trabajo de cerca
y hasta contribuí, trabajando para TV Globo, Globosat,
Rede Bandeirantes y la revista Mergulho. Como cinematografista
y hasta como alimentador, pude vivenciar contactos directos con
los tiburones de arrecife (reef sharks), inclusive teniendo participación
en la primera alimentación nocturna. En una de mis expediciones,
en 1996, pedí ver como fue el comienzo de este proceso,
y fuimos a alimentar tiburones a una zona en la cual no eran constantemente
alimentados. El resultado casi fue trágico: recibí
tres mordidas, 2 en las aletas y una en el brazo, que a pesar
de estar protegido por el traje de malla de acero, se ganó
un hematoma difícil de olvidar.
De esa experiencia pude sacar 2 conclusiones: la primera es que
la alimentación de tiburones no es algo simple, y que la
relación con debe ser generada con seriedad a lo largo
de los años, no podemos hacer una banalización del
shark diving, porque pueden ocurrir accidentes (de hecho en otros
lugares viene pasando), a pesar de que Stuart mantenga una marca
de 0% de accidentes con turistas. La segunda es que, sin dudas,
al alimentar a los tiburones, estamos alterando el comportamiento
de algunas poblaciones, que aprenden a convivir con humanos y
a comer alimentos no disponibles en la naturaleza.
A mi forma de ver las cosas, no cabe duda de que el costo (cambiar
el comportamiento de algunas poblaciones) compensa el beneficio
(desmitificar a uno de los predadores más odiados por los
humanos). Pienso que en las Bahamas la experiencia es válida,
pero por las dudas, dejé de alimentarlos.
Hoy encuentro mucho más gratificante observarlos naturalmente,
como magníficos animales, evitando al máximo alterar
su comportamiento frente a las cámaras, ya que podría
causar una expresión de ferocidad distinta de la real.
Fuente: Revista Mergulho
Traducido por Facundo Moyano