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PROTEÍNAS
Proteínas
son sustancias orgánicas que se denominan nitrogenados, azoados,
albuminoides o principios cuaternarios, pues en su composición
entran el carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno.
Sin estas sustancias -las proteínas- no podría haber vida
en nuestro planeta visto que ellas son los elementos esenciales de todas
las células de los seres vivos. Sus componentes son los aminoácidos.
Aminoácidos, son compuestos químicos de otros elementos
simples de múltiple variación, cuyo conocimiento es del
dominio de la bioquímica.
En la formación de la proteína, entran aún los
ácidos grasos, azufre y fósforo en forma de sulfates y
fosfatos.
Los diversos tipos de proteínas varían en su valor nutritivo
de acuerdo al contenido en aminoácidos. Es pues muy importante
la fuente de su procedencia. Pero el organismo no las incorpora a las
células vivas tal como las toma de los alimentos. El las descompone
en aminoácidos extrayendo de ellos la energía liberada
con la cual edifica su proteína propia mediante el fenómeno
fisiológico electroquímico de la proteólisis. Este
fenómeno consiste en la ionización de la
sustancia proteica.
FUNCIONES DE LAS
PROTEÍNAS
1. Construyen y
reparan los tejidos de todos los organismos animales.
2. Constituyen la cromatina o nucleína, que es la mayor masa
del núcleo de la célula y que consiste en fragmentos granulados
llamados cromíolos o cariosomas, los cuales, durante la primera
fase de división indirecta, se funden unos con otros, formando
los cromosomas, de número constante en cada especie animal y
vegetal, cada uno de los cuales contiene gran número de unidades
hereditarias llamadas genes, responsables por la transmisión
de los caracteres hereditarios.
3. Ejerciendo a veces el papel de catalizadores, activan ciertas reacciones
químicas, mediante las cuales los alimentos asimilados son aprovechados
para el crecimiento o para la energía requerida de acuerdo al
trabajo mecánico.
4. Contribuyen a la formación de anticuerpos.
5. Mediante dos aminoácidos (metionina y cistina), desempeñan
el papel de protector de las células hepáticas.
6. Intervienen en la manutención del equilibrio de los líquidos
en el cuerpo.
7. Son vehículos de gran parte del calcio contenido en la sangre.
8. Combinándose con la glucosa, contribuyen en la formación
y depósito del glucógeno en el hígado.
FUENTES DONDE PODEMOS
BUSCAR NUESTRAS SUSTANCIAS PROTEICAS
La mejor fuente
de proteínas (así como de todos los demás alimentos)
es sin duda el reino vegetal, a pesar de ser encontradas también
en las carnes de todas las especies, huevos, leche y queso.
En el reino vegetal, las principales fuentes de proteínas son:
las legumbres secas (garbanzos, porotos, lentejas, habas y arvejas partidas),
los cereales, las frutas oleaginosas (nueces, almendras, avellanas,
piñones, etc.).
El contenido aproximado de proteínas en estos productos es el
siguiente:
· carnes
el 19 %
· legumbres secas 24 al 26 %
· el trigo contiene el 12 %
· la avena el 14 %
· el maíz el 10%
· el arroz el 8 %
· las papas el 2 %
· las batatas el 1,5 %
· y otros productos de la huerta contienen cantidades más
reducidas.
CALIDAD DE LAS PROTEÍNAS
No es suficiente
saber que los alimentos que usamos contienen proteína. Más
que todo, debemos elegir la proteína que mejor se adapte a las
necesidades orgánicas, por lo que es muy necesario conocer la
calidad de las mismas.
Por ejemplo, la proteína de las carnes es impropia para la economía
orgánica pues contiene muchas purinas que cristalizan muy fácilmente
el ácido úrico. Contienen aún otros principios
tóxicos como ser: leucomaínas, tanina, cadaverina, que
según comenta el profesor J. Rodríguez, son venenos como
la estricnina. He aquí una de las ventajas de seguir una alimentación
vegetariana.
Los vegetarianos buscan las proteínas en las frutas oleaginosas
(nueces, avellanas, almendras, cocos, maní, etc.), en los cereales
integrales y en las legumbres frescas. Aun de las proteínas mencionadas
en los vegetales, se debe optar por las más adecuadas: las mejores
son las de las frutas. Las de los cereales son incompletas y las proteínas
de las legumbres secas poseen gran cantidad de purinas, lo que, puede
traer complicaciones a los que sufren de reuma y otras enfermedades
de la modalidad urémica pues favorecen la creación del
ácido úrico.
Debemos pues dar preferencia a las proteínas de las frutas; preferir
las legumbres frescas (verdes) en lugar de secas; complementar el aporte
de proteínas por medio de los otros alimentos, como ser: papas,
batatas y productos de la huerta (siempre que sepamos que es de buena
fuente).
Sobre las proteínas provenientes de las carnes, el doctor Bidaurrázaga
dice:
"Los animales herbívoros (nuestras víctimas), extraen
las proteínas, hidratos de carbono, sales minerales organizadas,
que integran sus tejidos, de la célula de los vegetales. "El
hombre, en cambio, consume gran cantidad de sustancias de origen animal,
pero, tales alimentos no se asimilan normalmente y, además, alteran
profundamente el organismo en general y, en particular, el aparato digestivo.
El animal herbívoro, obrando directamente con las sustancias
que integran la célula vegetal, ha elaborado sus proteínas
conforme a su tipo molecular específico determinado. El hombre
en vez de hacer lo propio, elevando también directamente las
sustancias de la célula vegetal a la especificidad molecular
de su propio tejido, pretende aprovechar las proteínas animales
elaboradas bajo el tipo arquitectónico distinto del suyo, lo
que equivale a obligar al organismo a que desintegre previamente la
molécula proteica fabricada por el animal y, con sus materiales
de segunda mano averiados y alterados profundamente, reconstruya la
nueva molécula proteica asimilable con arreglo a su propia fórmula
especifica, rigurosa y distinta para cada organismo individual.
"De la toxicidad de la albúmina de la carne -carne, se entiende
por todo animal- y, por ende, de las alteraciones que debe producir
en el mecanismo de la nutrición, fácilmente nos podemos
dar cuenta. "En efecto; todo ser viviente, por el mero hecho de
vivir, se halla en un constante cambio de asimilación y desasimilación.
En cada célula se encuentra por tanto, en todo momento, una cierta
cantidad de productos de desecho, de manera que el organismo animal
encierra siempre una cantidad considerable de toxinas, producto natural
del mecanismo de la vida. En circulación constante van también
productos de desecho a los diferentes emuntorios y, además, es
muy fácil que se encuentren en un estado enfermo, más
o menos grave.
"Cuando el animal es sacrificado, quedan en su organismo todas
esas sustancias tóxicas, aumentadas con las que el dolor, angustia
y agonía produce; y es sabido que una vez suspendida la vida,
comienza la desintegración celular, y formación de productos
cadavéricos venenosos en alto grado (tomainas, ieucomaínas,
cadaverinas, etc.).
Los productos de desintegración y descomposición de la
carne en la putrefacción cadavérica sufren un aumento
en la producción de sustancias úricas, creatina, xantina,
tirosina... En fin, e! 25 por ciento de las albúminas de la carne
se compone de núcleos proteicos que, bajo la acción de
los fermentos proteofíticos, se desdoblan en albúmina
y nucleína; y a su vez el desdoblamiento de esas nucleínas
produce bases púricas y ácido úrico, fosfórico,
láctico, burítico, en cantidad
que, generalmente, rebalsa el límite de los poderes reguladores
y eliminadores, provocándose graves trastornos que tienen una
vasta intervención en la etiología de las modalidades
enfermas de la diátesis úrica.
"Ingerido ese alimento tóxico por excelencia, sin vital
energía, requiere para su digestión un esfuerzo superior,
a fin de desintegrar sus moléculas y aprovechar lo que malamente
pueda, mediante una nueva y apropiada elaboración; y por su calidad
de fermentescible y pútrido hace que se desarrollen en los distintos
albuminoides, gérmenes de la putrefacción, con alteraciones
inflamatorias consiguientes y producción de microtraumatismos.
Penetran las albúminas tóxicas de
procedencia cárnea al medio interno, provocando las diferentes
reacciones y trastornos con la consiguiente floculación, apareciendo
los fenómenos patológicos consecutivos, cuando los precipitados
e infiltraciones llegan a adquirir importancia por su cantidad y calidad".
CANTIDAD NECESARIA
DE PROTEÍNAS
Se han hecho largas
experiencias en diversas partes del mundo, y sus resultados contradicen
a la creencia popular de que la salud y la fuerza dependen de un gran
suplemento de proteínas.
El Dr. Russel H. Chittendon, de la Universidad de Yaie, en Nex Haven,
Connecticut, como resultado de sus experiencias, estableció una
base de sesenta gramos de proteínas como cantidad diaria que
necesita una persona de 65 kilogramos de peso. Por lo general, el pueblo,
en su dieta diaria, excede en mucho esta cantidad. ¡Imaginad qué
carga es impuesta a los órganos eliminadores cuando reciben siete
veces más de proteínas de lo que el cuerpo requiere!
Como ya hicimos ver, los alimentos a base de carne no solamente provocan
un excesivo consumo de proteínas, sino que también, por
ser acidíferos, forman muchos residuos que retardan la eliminación
y predisponen al organismo a las enfermedades. Una dieta de pocas proteínas,
pero rica en bases (álcalis), resulta en menor cantidad de alimentos,
menos residuos, mejor eliminación, mejor salud mental y física,
y mayor poder de resistencia.
No hay peligro de deficiencia en proteínas a no ser en casos
de pobreza o hambre, o dolencias que imposibiliten comer, o cuando hay
parásitos intestinales que absorben el alimento.
Ciertamente, no debemos temer que la escasez temporaria de proteínas
en la alimentación, acarree un pronto colapso nutritivo, en cuanto
no sea amenazado el suplemento de los otros elementos esenciales.
Hindhede, de Copenhague, mantuvo a un hombre en perfecto estado de nutrición
y en plena capacidad de trabajo por muchos meses, con una dieta de proteínas
derivadas exclusivamente de papas, en un promedio de 23 gramos diarios.
Un hombre adoptó durante diecisiete años, varias dietas
pobres en proteínas; está en perfecto estado de salud,
haciendo trabajo pesado.
Fragmento del libro
"Como vivir sano" editorial El Renuevo
publicado por la Asociación Interamericana de Biocultura
Supervisado por el Dr. José Luis Ignatov
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