El
impacto de la pesca comercial sobre los mamíferos marinos
Las
ballenas son cazadas por Noruega y Japón. En el caso de
los delfines, además de su uso para consumo humano -como
ocurre en Japón y en el Ártico- su carne sirve de
alimento a animales (por ejemplo en granjas peleteras), como fertilizante
-principalmente en Japón- o también como carnada,
como ocurre con el delfín austral o con las toninas overas
en la pesca de centolla al sur de Chile y en Tierra del Fuego.
En
muchos lugares, además, los pescadores disparan deliberadamente
a focas, delfines y otros mamíferos marinos, aduciendo
que rompen sus redes, alejan a los peces o que se aprovechan de
ellos una vez pescados -los roban de las redes. En el caso de
la isla japonesa de Iki, los delfines se alimentan de los peces
cola amarilla, compitiendo con los pescadores costeros. Para evitarlo,
conducen a los delfines nariz de botella y falsas orcas, entre
otros, hacia aguas bajas donde los matan.
Pero
además, indirectamente el hombre, por medio de la pesca
comercial, está desapareciendo las poblaciones de mamíferos
marinos alrededor del mundo.
La pesca comercial es una actividad cruel y falta de control
que no discrimina
Cuando
recogen las redes, los pescadores no sólo se encuentran
con los peces que se disponían a pescar, sino también
con una gran variedad de peces que han muerto innecesariamente,
las llamadas capturas accidentales o incidentales.
Esto evidencia el carácter potencialmente despilfarrador
y destructivo de todos los tipos de arte de pesca comercial.
La mayoría de los peces que sí interesan, no recibe
ningún alimento durante uno o dos días antes de
morir lentamente asfixiados, después de ser separados violentamente
del agua, tras quince minutos de agonía en hielo. Otros
métodos, consisten en cortarles las branquias para que
mueran desangrados, en golpearles la cabeza, o en la electrocución.
Los tanques de aturdimiento llenos de dióxido de carbono
-que a veces utilizan para reducir el dolor- les inmoviliza en
un minuto pero, sin embargo, pueden tardar hasta tres o cuatro
minutos en perder sensibilidad.
No
son sólo las especies de peces las que corren peligro por
el carácter indiscriminado de muchas operaciones pesqueras
a gran escala. En esas operaciones pesqueras se dañan o
destruyen gravemente muchas otras especies de vida marina.
A
continuación, algunos tipos de pesca que están acabando
con los mamíferos marinos:
Redes
de deriva
Se
usaron por primera vez a gran escala a mediados del año
1960 y es tal vez el método de pesca más indiscriminado
de todos. Una simple red a la deriva podía tener una longitud
de 48 km. Suele liberarse al atardecer, se deja flotar con las
corrientes oceánicas y los vientos antes de ser sacada
al día siguiente, o varios días más tarde.
Es indetectable mientras está en el agua y captura casi
todo lo que está a su paso. Hay cientos de miles de estos
muros de la muerte flotando en los mares y océanos
del planeta al mismo tiempo, muchos más de los necesarios
para rodear a la Tierra por el ecuador.
En los últimos años, se acordó en las Naciones
Unidas una resolución sobre redes superiores a 2,5 km.
Pero incluso una red de estas dimensiones supone un peligro para
la vida marina.
Redes costeras de malla fina
Se
usan en aguas costeras y superficiales. Están hechas de
hilo de nylon muy fino, como las redes de deriva, y son igualmente
difíciles de detectar bajo el agua; pueden flotar en la
superficie o bien estar sujetas al fondo. Baratas y duraderas,
son muy populares en muchas partes del mundo. Los problemas se
extienden de Nueva Zelanda a Sri Lanka y de Canadá a Gran
Bretaña, matando a muchos cetáceos pequeños
cada año. Es incluso posible que los delfines y marsopas
se vean atraídos por las redes debido a todos los peces
atrapados en ellas.
Pesca
del atún
La
industria pesquera del atún ha recibido publicidad adversa
y merecida, ya que ha matado más delfines en los últimos
35 años que cualquier otra actividad humana. Es directamente
responsable de la muerte de 6-12 millones de delfines manchados
y acróbatas, así como de otras especies. En el peor
período, la década de los sesenta y principios de
los setenta, la industria del atún mataba medio millón
de delfines al año.
Los problemas dieron comienzo en 1959, cuando se introdujo un
nuevo tipo de red, una especie de traína, para la captura
de atunes de aleta amarilla en el Pacífico tropical oriental
(desde el sur de California a Chile, en una zona del tamaño
aproximado de Canadá).
Llegó en un momento en que los pescadores de atún
comenzaban a utilizar a los delfines para localizar a sus presas
(los delfines y los atunes suelen nadar juntos, pero sólo
los delfines precisan salir al aire a respirar). Este tipo de
pesca consiguió capturar más atunes, pero también
sentenció a millones de delfines a una muerte lenta atrapados
en las redes.
Tras años de protestas públicas, aún sigue
la matanza de atunes-delfines, aunque en una escala menor. La
industria pesquera del atún está ahora sometida
a una serie de normas y regulaciones, desde los orificios de escape
especiales en las redes (que permiten la salida de los delfines)
a la presencia de observadores oficiales en los buques atuneros.
La introducción en 1990 del atún dolphin safe
(no nocivo para los delfines) fue un paso más en la dirección
justa, aunque no hay aún ningún mecanismo independiente
que obligue a verificar la verdad de tales afirmaciones. Ya se
han detectado a varias compañías haciendo trampas
en este sentido.
Por
último, cabe destacar que los aparejos y artes de pesca
desechados y los desperdicios de plástico de los navíos
pesqueros en el mar son conocidos asesinos de innumerables ballenas,
delfines, tortugas y aves marinas.
¿Qué
se puede hacer? Por un lado, el pescado es una comida muy frecuente,
y tradicionalmente está considerada como beneficiosa
para el cuerpo humano (a pesar de la existencia de estudios serios
que indican lo contrario) desde el punto de vista del colesterol
y el fósforo. Pero por otro lado, no queremos que sigan
muriendo animales inocentes, como delfines y focas, en manos de
la industria pesquera. La respuesta es casi obvia. Por más
que dejara de lado el bienestar de los peces, para sólo
preocuparse por el de los delfines, la gran mayoría de
los consumidores no podría asegurar qué tipo de
arte de pesca se llevó a cabo para capturar el pescado
que compra. En el caso del atún, el dolphin safe,
es poco confiable ya sea por los casos comprobados de corrupción,
o por los inherentes intereses que hay de por medio.
Debido a la gran cantidad de personas a nuestro alrededor, que
mantienen un perfecto estado de salud a pesar de no comer pescado,
sólo resta reflexionar si la satisfacción de nuestro
paladar justifica la muerte de estos maravillosos animales, peces
y mamíferos marinos, cuyo único error es ser habitantes
del mar.
Facundo Moyano
Bibliografía:
Ballenas,
delfines y marsopas. Carwardine-Hoyt-Fordyce-Gill. Editorial
Planeta.
Ballenas y delfines. Liliana R. Durandeu de San Gil.
Ediciones Bios
No va más. Informe de la agrupación
Greenpeace Argentina.
La depredación de la vida marina. Informe de
la asociación
Bulldozers of the sea. Informe de la agrupación
NoFishing.Net.