Creo
que debemos cambiar nuestra filosofía antes que ninguna cosa.
Cambiar la filosofía competitiva ( que actualmente pervierte
nuestro sistema educacional) hacia otra de cooperación en asociaciones
libres, cambiar nuestra inseguridad material por la de una seguridad
humanitaria, cambiar lo individual por lo grupal/tribal, cambiar el
petróleo por calorías y el dinero por productos. Pero
el mayor cambio que necesitamos hacer es el del consumo por el de
la producción, aún cuando sea en una escala pequeña,
en nuestro propio huerto. Si sólo el 10% de nosotros lo hiciera,
habría suficiente para todos. Por lo tanto, los revolucionarios
que no tienen huerto, que dependen del mismo sistema que atacan, y
que producen palabras y balas, y no comida ni abrigo, son inútiles".
De "Introducción a la Permacultura", de Bill Mollison.
Siempre he dicho
que yo no debía haber sido el inventor de la permacultura.
No soy la persona adecuada para ello ya que se me podría describir
fácilmente como un viejo cascarrabias. Se hubiera necesitado
a alguien más transigente, menos purista, a la hora de inventar
la permacultura y así esta disciplina hubiera sido adoptada
sin dificultad por el pensamiento imperante.
Probablemente
soy la persona menos adecuada para explicar en qué consiste
la permacultura, por la sencilla razón de que he vivido con
ella durante veinticinco años y cuanto más se conoce
un tema menos fácil resulta de explicar. Alguna gente lo explica
de una forma muy sencilla: un intento de recrear el Jardín
del Edén. A su vez, un científico lo explica como la
creación de un marco dentro del cual tendrían cabida
todas las formas del conocimiento humano en la relación correcta.
Yo prefiero una tercera explicación: es esencialmente un sistema
abierto, porque acepta información de cualquier fuente ya sea
científica o tradicional, y no tiene por lo tanto ninguna forma
didáctica o fija de hacer las cosas. La gente a veces dice
que va a crear una permacultura como un ejemplo típico de permacultura
y yo digo que difícilmente puede ser típica de sí
misma. No hay una sola forma de hacer algo correctamente. En cada
sitio será diferente. Si intentas crear un sello y lo imprimes
una y otra vez, siempre estará fuera de lugar. Hemos practicado
la agricultura, sobre todo el cultivo de cereales, durante cinco mil
o siete mil años. Mucho antes de eso, los nativos de Nueva
Guinea y los aborígenes de Australia estaban cultivando ya
la tierra para cosechas y criaderos. El gran cambio de la agricultura
sobrevino justo después de la Segunda Guerra Mundial y sucedió
porque muchas industrias que manufacturaban vehículos, gases
nerviosos o explosivos, se quedaron con gran cantidad de excedentes.
Y ¿qué se puede hacer con ellos?.
Puedes inventarte una guerra con un país pequeño y lanzar
todas tus bombas, que es lo que pasó en Vietnam y en Kuwait.
O puedes empezar a fabricar venenos que puedan usarse en la tierra,
que es lo que sucedió con la industria del gas nervioso, que
traslada simplemente su punto de mira a la agricultura. Asimismo la
agricultura permitió reciclar la maquinaria de guerra con los
vehículos de tracción y el empleo de fertilizantes,
especialmente de fertilizantes de nitrógeno, ocupando a un
gran número de industrias que con anterioridad fabricaban explosivos.
Por todo ello, podemos decir que la industria moderna está
en pie de guerra con la naturaleza.
A finales de los años sesenta y principios de los setenta varias
cosas estaban sucediendo a la vez. Se había efectuado por primera
vez un censo de la población y de los recursos del mundo. Y
el Club de Roma había publicado un informe que mostraba el
inevitable estrechamiento entre las necesidades de la población
y la capacidad del medio ambiente para satisfacer esas necesidades.
Un ejemplo moderno de esto lo hallamos en China. China ha tenido este
año un superávit comercial de 64 billones de dólares
con Estados Unidos, así que China atraviesa una era industrial
de inmensas proporciones, y su Presidente prometió al pueblo
chino que podrían comer dos huevos a la semana, lo que supone
un huevo adicional a la semana con respecto a lo que comen ahora.
Una noción muy simple de matemáticas nos indica que
el darle al pueblo chino un huevo más a la semana acapararía
toda la producción mundial de cereales.
Lo que verdaderamente ha cambiado es el hecho de que China pueda comprar
esos cereales. De manera que en el futuro habrá muy distintas
clases de gente pasando hambre.
La gente con dinero podrá comprar la producción mundial
de cereales o acciones de esa producción mundial ya que alrededor
de la misma época, Kissinger y otros cerebros pensantes de
América sacaron la comida al mercado de valores, a la bolsa,
de forma que era posible comprar acciones de comida, se podían
comprar alimentos antes de empezar a cultivarlos. La primera vez que
hizo esto, le explotó en las manos, ya que dos libaneses compraron
todo el cultivo mundial de soja y se hicieron millonarios. La intención
de Kissinger era el que los Estados Unidos compraran las acciones
de todos los alimentos mundiales y de esta manera controlaran el planeta.
Como él mismo decía: "Podéis elegir a quienes
queráis, la gente que os controla es la gente que controla
los alimentos que coméis". Y a esto lo llamaba el "potencial
Zap".
América, después de esa estrategia, ha seguido patentando
comida de forma que todos los cultivos mundiales más importantes
son patentes americanas de dos o tres compañías agroquímicas.
Una planta como la soja, que es un cultivo esencialmente industrial,
está patentada al cien por cien por firmas americanas. Y la
mayoría de los cereales están patentados en un sesenta
o setenta por ciento, de manera que hay que pedir permiso a los dueños
de la patente para cultivarlos. Y esto ha sucedido sin grandes protestas
por parte de la población mundial entre otras cosas porque
pienso que la mayoría de la población lo ignora.
Al mismo tiempo, a finales de los sesenta, habíamos desarrollado
ya varios conceptos en ecología que hacían referencia
a lo estable y a lo sostenible. Mucha gente utiliza la palabra sostenible.
Quizás la usen varios miles de personas pero sería una
suerte si entre ellas encontrásemos a tres que supieran definir
esa palabra. Yo os la definiré, para que no quedéis
tan mal como la mayoría de la gente que la utiliza. Un sistema
sostenible es aquel, y estoy siendo muy cauto aquí, que puede
producir o conservar energía suficiente a lo largo de su existencia
para generarse y mantenerse. No hay otra definición de sostenible
y por lo tanto no podemos escaparnos de ella, ya que se basa en la
ley de la termodinámica y es imposible escapar a lo que sucede
en la tierra, a las leyes inmutables de la naturaleza.
Así que, a finales de los sesenta, poseíamos ya una
importante recopilación de datos dentro de la disciplina de
la Ecología, una gran cantidad de información sobre
la forma en que funcionaban los sistemas y sobre cómo deberían
funcionar. Asimismo, y muy poca gente se da cuenta de esto, fue entonces
cuando empezamos a conocer la cantidad de plantas beneficiosas que
existían en el mundo. Muchos pueblerinos o isleños pensaban
que sólo existían diez o veinte plantas beneficiosas;
a su vez un granjero asiático podía creer que sólo
había treinta o cuarenta plantas beneficiosas y algunos jardineros
aislados de Filipinas cultivaban hasta sesenta u ochenta distintos
tipos de plantas.
Sabemos en la actualidad que existen cerca de treinta mil plantas
beneficiosas. Mucha gente ha dedicado su vida a reunir esta clase
de información y entre ellos se halla el profesor Tanaka de
la Universidad de Tokio que ha publicado tanto en inglés como
en japonés diversos tratados sobre las plantas beneficiosas
existentes en el mundo; sólo hay unos seis libros de este tipo,
pero hasta principios de los años setenta no teníamos
ni idea del número de plantas útiles que había.
Ya por entonces el fracaso de la agricultura moderna empezaba a ser
evidente; nunca hasta ese momento se habían visto extensiones
tan grandes de tierra erosionada y nunca hasta ese momento habíamos
reparado en las enormes manchas de sal que aparecían en la
agricultura. Sin ir más lejos hoy, en pleno corazón
de Tokio, estaba visitando un pequeño jardín y su dueño
me preguntó: ""Qué es este polvo blanco que
hay en la tierra?" y yo respondí: "Es la salinización
del suelo". La sal puede afectaros en Japón de muy distintas
formas. La mayoría de la soja que consumís es de importación,
cerca de un sesenta por ciento, y proviene de China o de los Estados
Unidos.
Los Estados Unidos aceptan un contrato para proveeros de soja, para
cultivarla, pero la cultivan en Méjico, en la periferia de
la ciudad de Obregón al oeste de Méjico. Allí
crece la soja en suelos irrigados y con un alto contenido de humus.
En lo que se refiere al continente americano, el cultivo de soja ha
destruido más bosques, que todos los demás usos de los
bosques juntos. Y como la soja se cultiva con riego, para asegurar
la cosecha, y como es pasto de una gran variedad de plagas, se la
fumiga cada tres días con pesticidas, uno distinto en cada
ocasión para que los insectos no se acostumbren al antiguo.
Los científicos están muy orgullosos de esto, y te explican
ufanos cómo se las arreglan para preservar el cultivo de soja
de los parásitos fumigándolo constantemente con distintos
venenos: treinta y seis clases distintas de estos venenos se utilizan
en una sola cosecha. Por otro lado la soja es una planta sedienta
de agua que tradicionalmente se siembra en las franjas de los arrozales
donde puede obtenerse fácilmente. Pero cuando se cultiva en
Méjico es necesario regarla.
Y el irrigar cualquier desierto es nefasto porque el proceso de evaporación
puede evaporar hasta seis metros de agua de la superficie de cualquier
desierto del mundo y la lluvia sólo produce cien o doscientos
milílitros. De forma que para cultivar soja hay que regarla
pero cuando la riegas la evaporación absorbe todo el agua y
deja todas las sales disueltas que contiene y en muy poco tiempo,
unos seis años, la superficie del suelo se convierte en sal,
sal cristalizada, pero como asimismo, a causa del riego, las aguas
profundas, que ya de por sí son muy salinas, también
han ascendido hasta las raíces de la planta, cuando estos dos
efectos, la sal de la evaporación de la superficie y la sal
que asciende de las aguas profundas, se juntan, te encuentras con
lo que ocurre en la periferia de Obregón: cientos de kilómetros
cuadrados de tierra de sal solidificada de sesenta metros de profundidad.
Algo absolutamente irrecuperable. Tendrán que pasar muchos
miles de años antes de que podamos pensar en cultivar nada
allí. Sesenta metros de sal es una base espeluznante para empezar
a cultivar alimentos...
Pero nuestro interés no debe ser sólo nacional. Sabemos
que el medio ambiente en Japón es bastante catastrófico
pero ¿cuántos desastres medio ambientales más
son generados por los apetitos de Japón? Desde luego, si pudierais
ver cómo se cultiva vuestra soja en Méjico, os quedaríais
espantados, además hay otra cuestión, y es que no va
a poder cultivarse allí durante mucho tiempo y lo que es más:
no va a poder cultivarse allí en absoluto porque la tierra
está tan totalmente destruida que no vamos a poder sacar ya
nada de allí. Y a esto se le llama agricultura moderna: a la
utilización de súper plantas con súper fertilizantes,
sometidas a una súper irrigación y súper fumigación,
y cuyo resultado es la destrucción absoluta de todo el entorno.
Y la mayoría de las agencias internacionales participan en
ello Lo llaman "la revolución verde". En cambio los
granjeros lo llaman "destrucción total". Allá
por donde ha pasado la revolución verde no encontrareis ningún
granjero que hable bien de ella o que quiera aplicarla. Una de las
características que más llama la atención de
la revolución verde es que tiene que cambiar constantemente
de lugar. Ya no se puede jugar más a las revoluciones verdes
en la India ni tampoco en Sudamérica, así que ahora
debe trasladarse a África porque allí no saben lo destructiva
que es. Si hay algo que identifica a una empresa destructiva es ese
cambio constante de objetivo, dejando atrás tierras baldías,
ese estar siempre a la búsqueda de nuevos horizontes donde
la gente no sepa que van a destruir de nuevo la tierra. Con el cultivo
del algodón sucede lo mismo: la cosecha de algodón destruye
los Estados Unidos desde la ciudad de Phoenix en Arizona hasta más
allá del sur de la frontera mejicana, toda esa región
es pura sal, se puede andar sobre ella. En consecuencia, Estados Unidos
trasladó su producción de algodón a Australia
y ahora está salinizando sus sistemas fluviales.
Y cuando acabe con Australia, necesitar mover este cultivo a Méjico
o a África pero naturalmente no mandan un mensaje antes para
informar a los lugares os que van a destruir sus países. Afortunadamente
aquí estamos nosotros para hacerlo, nos adelantamos a ellos
y le decimos a la gente: la destrucción avanza hacia vosotros,
rechazadla. Por lo tanto, en la década de los sesenta ya conocíamos
el problema de la superpoblación y de la agricultura moderna,
y en cierta medida también el de la industria moderna, poseíamos
asimismo el concepto de ecología y sabíamos que existían
treinta mil plantas comestibles que podíamos utilizar para
crear sistemas complejos. Y empezamos a crearlos.
En 1972 conseguimos nuestro primer sistema experimental utilizando
tres mil o cuatro mil plantas comestibles. El problema de tener un
alimento básico, es decir, uno que cubre la mitad de la dieta,
es que se depende en exceso de ese alimento. Y hay un riesgo muy grande
en el caso de que algo falle en la producción de ese alimento.
Por lo tanto es absurdo adoptar en una dieta un alimento básico
cuando se podrían tener cuatro u ocho o cincuenta alimentos
distintos que cubrieran la mitad de la dieta prescindiendo del alimento
básico único.
A finales de los sesenta y principios de los setenta era posible imaginar
que se podía crear una ecología compleja para cubrir
las necesidades de la raza humana. Y era asimismo la primera vez en
la historia de la humanidad en que podíamos imaginar eso como
un sistema. Y como todavía no poseíamos toda la información
que he expuesto con anterioridad, fue quizás algo estrambótico
el que una persona como yo que vivía en una isla del sur de
Australia propusiera esto en Permacultura 1 y lo completara con ejemplos
prácticos en Permacultura 2.
Siempre he dicho que yo no debía haber sido el inventor de
la permacultura. No soy la persona adecuada para ello ya que se me
podría describir fácilmente como un viejo cascarrabias.
Se hubiera necesitado a alguien más transigente, menos purista,
a la hora de inventar la permacultura y así esta disciplina
hubiera sido adoptada sin dificultad por el pensamiento imperante.
Ha sido realmente una mala suerte el que yo la inventara porque soy
absolutamente incapaz de hacer concesiones, siempre digo la verdad.
La permacultura se ha propagado por todo el mundo con la excepción,
creo, de dos países y en todas partes es autóctona,
con profesores locales que enseñan en su propia lengua. Y su
crecimiento es geométrico: empezó en el año 1979
como un curso único que yo mismo enseñaba. Para el año
1980 ya había tres profesores y en el noventa varios cientos
de ellos. En la actualidad hay varios miles, cuatro o cinco mil en
inglés y otros tantos en otros idiomas. Y se extiende porque
no posee un sistema jerárquico. No tiene una cúspide
directiva y no hay ninguna persona por encima de otra. Se compone
de pequeñas entidades independientes que se rigen por sí
mismas sin necesidad de personal directivo. Quizás os parezca
un disparate pero no tiene personal administrativo a sueldo ni plantilla.
Asimismo no acepta ayudas del gobierno ni de la industria y por lo
tanto es libre de hacer lo que le parece correcto en cada momento.
Al no aceptar ayuda no acepta líneas directrices. y al no aceptar
ayuda demuestra no sólo que la permacultura es autosuficiente
sino que puede enseñar cómo lograr esta autosuficiencia
a quien la conoce.
Para poder rechazar el dinero de otros tenemos que ser capaces de
ganar el dinero necesario para hacer lo que queremos, y esto se consigue
montando pequeños negocios e industrias para poder así
financiar el sistema. Además hay dos razones por las que la
gente que enseña autosuficiencia no debe aceptar dinero: la
primera es que ello les impide ganarlo y por lo tanto carecen de modelos
a la hora de querer ganar dinero, y la segunda es que ya bastante
difícil es de por sí para un individuo gastarse el dinero
que gana como para que venga alguien y se lo dé, probablemente
se mataría intentando gastarlo. He dado la vuelta al mundo
cientos de veces para enseñar y esto lo pagaba con mi propio
dinero pero si alguien me diera un millón de dólares
creo que me moriría de agotamiento intentando dar la vuelta
al mundo miles de veces...
Les diré cual es el secreto de la permacultura, por qué
se ha propagado así, por qué tiene tanto éxito,
por qué desarrolla tanta actividad en todas partes. La primera
razón de todas es que no somos expertos. Nos limitamos a ir
a los países y decir: "aquí estamos, no venimos
de parte del gobierno ni de la industria, estamos aquí para
ayudaros si podemos, por favor ayudarnos a ver si os podemos ayudar".
Y la mayoría de la gente reacciona muy positivamente ante esto.
Luego, impartimos un curso de setenta y dos horas de duración
y decimos: "vale, aquí tenéis vuestro certificado
explicando que habéis disfrutado de setenta y dos horas de
nuestra docencia y cualquiera que disfrute con ello merece un certificado,
adiós, lo más probable es que nunca regresemos, si deseáis
organizar otro curso tendréis que impartirlo vosotros".
De esta manera, los mejores alumnos se reúnen entre ellos y
dicen: "vamos a recopilar lo que hemos aprendido, vamos a adquirir
un par de libros para ver si abarcamos todo el tema", y a continuación
empiezan a enseñarlo ellos mismos, de forma que ahora esté
en su idioma, dentro de su cultura y enseñado por ellos y en
consecuencia la necesidad nuestra de regresar es nula. Contrastad
esto con el sistema de expertos: llegan, hacen algo por alguien y
se van. Y nadie sabe nada de cómo completar ese sistema o mantenerlo
en buen funcionamiento, ni desde luego de cómo ponerlo en marcha.
Pero si quieres asegurarte para siempre un sueldo alto y una posición
de prestigio te conviertes en un experto. Si, por el contrario, no
piensas que eres importante les enseñas a los demás
cómo hacer lo que haces y no vuelves nunca.
Una de las cosas terribles de la permacultura es que va a dejar fuera
de juego a cualquier otro sistema ya que no paga sueldos y puede ser
tan grande como desee al no costarle nada a nadie; no es un sistema
caro como por ejemplo la OMS que cuesta millones de dólares,
y no por la actividad que desarrolla sino simplemente porque mantiene
un enorme cuerpo administrativo. Y creo que hay muchos sistemas como
ese, sistemas administrativos urbanos sin una labor de campo permanente.
Muchos departamentos de agricultura siguen este modelo. Estuvimos
recientemente en Tejas y visité el departamento de agricultura
que ocupa un rascacielos negro de once pisos. Tenía muchos
departamentos, departamento de fotografía, departamento de
diseño...y yo les pregunté que cuanta gente había
trabajando sobre el terreno. Nadie lo sabía. Luego, fueron
a preguntarlo y me respondieron: "oh, doce" (y hay ciento
ochenta en el edificio). Así que me fui a visitar a algunos
de los que trabajaban en el campo y les pregunté qué
es lo que hacían. Y contestaron: "no hacemos nada, no
tenemos tiempo porque el papeleo que nos exigen ocupa todas nuestras
horas". Por lo que, de hecho, el departamento de agricultura
no tiene a nadie en el campo. Y estoy seguro de que aquí sucede
lo mismo. Es imposible dar con un granjero japonés que sepa
lo que es una planta insectaria o que sepan que hay insectos beneficiosos
o que conozcan formas no químicas de combatir las plagas. Y
sospechamos que nadie va nunca a ayudar a los granjeros japoneses.
La permacultura es independiente, comprometida, activa, está
en crecimiento permanente y está en todas partes, y se está
convirtiendo en un gran empresario al emplear profesores y productores
agrícolas. También se autofinancia. Y va a conquistar
el mundo. Funciona tanto en zonas urbanas como en desiertos lejanos,
desde el Ecuador hasta el Amazonas o el Ártico, llegando hasta
el extremo norte de Rusia. No hay un lugar habitado donde no funcione
la permacultura, desarrollando consigo sus propios sistemas educativos
y financieros. Y todos ellos aplicables a gente sin recursos y sin
dinero al no dar por supuesto que se posee algo de entrada.
Se dice de la gente que vive como piensa que es honesta, lo que realmente
significa que practican sus creencias. En cambio, aquellos que creen
una cosa y hacen otra no tienen ningún calificativo, pero mucho
me temo que tendríamos que definirlos como esquizofrénicos.
La forma de vivir la vida es sin compromisos de ninguna clase. Es
algo que irrita un poco a los demás, pero tú estás
satisfecho contigo mismo y eres feliz incluso si haces con ello a
alguna gente un poquito desgraciada. Gracias.
Conferencia
de Bill Mollison en la Universidad de las Naciones Unidas, Tokio,
en octubre de 1996
fuente GEA
Asociación de Estudios Geobiológicos