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MIS
RAZONES PARA NO CONSUMIR PRODUCTOS LÁCTEOS
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Cuando me planteé
por vez primera eliminar la leche y los derivados lácteos de
mi dieta, hacía ya unos 7 años que era ovo-lacto-vegetariano,
y en aquel momento empecé a pensar fundamentalmente en las implicaciones
éticas que tenía el consumo de esos productos. Si nos
preocupa realmente cómo afectan nuestros hábitos dietéticos
a otras criaturas del reino animal, y deseamos evitar que los animales
deban morir o sufrir para proporcionarnos alimento, no podemos obviar
el hecho de que los productos lácteos son obtenidos actualmente
aplicando técnicas productivas poco respetuosas con las vacas,
las cuales en muchas ocasiones reciben un trato más degradante
incluso que otros animales destinados al consumo humano.
Sin embargo, mi sorpresa fue grande al empezar a descubrir que el consumo
de lácteos también estaba injustificado desde el punto
de vista de la salud. Para mí hubiera sido suficiente el planteamiento
ético, pero el hecho de existir estas otras razones no sólo
reforzó mi motivación para llevarlo a la práctica,
sino que me convenció de que otras personas podrían beneficiarse
de esta idea aún en el caso de no motivarles la ética
animal, simplemente por su bienestar personal.
Y… ¡vaya sorpresa! - Cada vez es mayor el número de especialistas
en nutrición que cuestionan el valor de los productos lácteos,
a la luz de numerosos estudios que han asociado su consumo con una gran
variedad de problemas de salud, contradiciendo en muchos casos el concepto
de "alimento básico" que popularmente se tiene de ellos.
Es cierto que aún existe una división en los medios médicos
y científicos, con estudios que destacan sus beneficios intrínsecos
y otros estudios que arrojan resultados totalmente negativos… esto mismo
sucede en muchos otros campos y en ocasiones resulta difícil
saber quién está en lo cierto. Pero a mí me basta
con conocer la existencia de estudios serios que aportan datos en contra
de los lácteos: es razón suficiente para sospechar que
esa imagen impecable de "alimento sano" tiene más parte
de táctica publicitaria que de realidad.
Los mamíferos
La leche es una secreción glandular característica de
todos los mamíferos. Los mamíferos son un orden de animales
cuyas hembras poseen unas glándulas especiales (mamas) destinadas
a alimentar a sus crías en las primeras etapas de su vida. Una
vez que la cría alcanza un desarrollo suficiente para alimentarse
de manera autónoma, la leche es abandonada y jamás volverá
a ser utilizada en la edad adulta.
Efectivamente, el ser humano es el único mamífero que
infringe esta norma: sigue consumiendo leche durante toda su vida, y
con el agravante de tratarse de leche de otras especies, no la de la
propia especie. En este sentido, la mayoría de los niños
pierden a medida que crecen la enzima que permite digerir la lactosa
de la leche, como parte natural de su desarrollo coincidiendo con el
destete.
No hay que olvidar que cada leche posee una formulación especialmente
"diseñada" para alimentar a las crías de esa
especie. Lógicamente, el contenido de la leche de vaca no es
el mismo que el de la leche humana, aunque su aspecto blanquecino pueda
dar la impresión a simple vista de que todas las leches son iguales.
Pero la leche humana está hecha para el metabolismo humano y
la de vaca para el metabolismo de ese animal. El contenido en grasas
y proteínas de la leche de vaca resulta excesivo para el ser
humano, y las proporciones de glúcidos y minerales también
son distintas, y además varían según la fase de
la lactancia. Por otro lado, la leche sirve de vehículo de transmisión
entre madre y bebé de una variedad todavía no muy bien
conocida de hormonas, anticuerpos y otros factores inmunológicos.
Si se comercializase "leche humana" para consumo de personas
adultas, habría que admitir (dentro de lo absurdo) que se trataría
de un producto más adecuado para nuestra fisiología. Pero
¿por qué no se ha hecho hasta ahora? Probablemente porque
no habría demasiadas mujeres dispuestas a convertirse en "donantes"
intensivas, y se ha tenido que recurrir a los animales, que no pueden
negarse a ello.
La desnaturalización
de la leche, o cómo agravar un error de base
Si hasta hace relativamente poco, el consumo de leche en estado natural
podía defenderse como algo tradicional y saludable especialmente
en el contexto de las costumbres rurales, la situación hoy en
día ha cambiado radicalmente. En la actualidad, casi nadie puede
consumir leche en estado natural, y todos los productos lácteos
que existen en el mercado han sido sometidos a diversos procesos de
conservación y transformación.
Los procesos de esterilización (pasteurización, UHT, etc.)
se nos han vendido como una medida de seguridad para el consumidor,
para eliminar todos los gérmenes. En realidad, estos procesos
no "higienizan" la leche (continúa igual de sucia,
con pus, sangre, antibióticos, hormonas), pero transforman sus
cualidades convirtiéndola en un producto "muerto".
Al estar muerta, lo que sí se consigue es hacerla menos perecedera,
es decir, que dure en los almacenes durante muchos meses, evitando pérdidas
económicas. La máxima expresión de esto es separarla
en sus ingredientes o transformarla en leche en polvo. Pero los procesos
de esterilización, basados en calor, alteran las sustancias nutritivas
(proteínas, vitaminas, enzimas…), y junto con los aditivos que
se incorporan, sólo consiguen agravar los problemas.
Por otro lado, la industria láctea está constantemente
renovando sus líneas de productos e intentando captar nuevos
mercados, aplicando agresivas técnicas publicitarias. Entre los
productos lácteos de consumo, existe una amplísima gama.
Es curioso observar cómo han ido intentando salvar los problemas
que acarrean haciendo modificaciones para que "se adapten a las
necesidades nutricionales de cada individuo": si la leche entera
es mala para el colesterol, sacamos leche desnatada; si la desnatada
"parece" agua, sacamos la semi-desnatada; si al desnatar pierde
las vitaminas liposolubles, añadimos vitaminas A y D; si tienes
riesgo de osteoporosis, añadimos calcio; si tienes más
colesterol, sacamos la leche con Omega-3 (aceites procedentes de pescado)
en vez de la grasa láctea; para facilitar la digestión,
leche baja en lactosa; si necesitas fibra, leche con fibra; para niños
en crecimiento, está la leche con 12 vitaminas y minerales...
¡¡ Ahora hasta con flúor !! - En definitiva, lo que
nos venden es un "brebaje industrial" que nada tiene que ver
con el producto "natural" original y sus supuestas virtudes.
Lógicamente, la producción de lácteos desnatados
genera un excedente de nata. La mejor forma para no dejar perder esta
nata (lo cual representaría cuantiosas pérdidas económicas)
es introducirla en la elaboración de otros alimentos. Esta es
la razón por la cual, aunque muchas personas suelen argumentar
que en realidad beben poca leche (o ninguna), la mayor parte de los
lácteos que ingieren les llegan de forma camuflada. Esto es fácil
de constatar dando un paseo por el supermercado y leyendo las etiquetas
de composición de los alimentos. Por ejemplo, hoy en día
es realmente difícil encontrar un producto de panadería
(pan de molde, galletas, bollería, etc.) que no lleve algún
lácteo (nata, sólidos lácteos, suero, proteínas
de leche, leche en polvo).
Estudios científicos en contra de los lácteos
Un sustancial grupo de evidencias científicas suscita inquietudes
sobre los riesgos de salud de los derivados de la leche de vaca. Estos
problemas se relacionan con las proteínas, el azúcar,
la grasa y los contaminantes que contienen los lácteos. Aunque
existen estudios con resultados contradictorios, unos resaltando los
efectos favorables de los lácteos y otros relacionándolos
con diversos problemas de salud, me voy a centrar sólo en algunos
puntos que considero bastante relevantes.
Muchas personas son ya conscientes de que la leche de vaca produce más
mucosidad que cualquier otro alimento, un moco espeso, denso, que obtura
todo el sistema respiratorio del organismo, que atasca las membranas
mucosas e invita a la enfermedad. La fiebre del heno, el asma, la bronquitis,
la sinusitis, los resfriados, el goteo nasal y las infecciones de oído
se deben principalmente a los productos lácteos. En general,
también son la causa principal de las alergias. Estas relaciones
se pueden comprobar dejando de consumir lácteos si se padece
alguna de estas dolencias.
Un grupo estadounidense de médicos independientes, el PCRM (Comité
de Médicos por una Medicina Responsable), aporta 8 grandes razones
basadas en estudios científicos para eliminar los lácteos
de la dieta:
1-Paradójicamente, un problema muy relacionado con los lácteos
es la osteoporosis (pérdida de densidad de los huesos), hablaremos
de ella más adelante.
2-Los productos lácteos aportan cantidades importantes de colesterol
y grasa a la dieta, que pueden aumentar el riesgo de diversas enfermedades
crónicas incluyendo las enfermedades cardiovasculares. Existen
lácteos desnatados, sin embargo, acarrean otros riesgos de salud
como se indica a continuación.
3-Diversos tipos de cáncer han sido relacionados con el consumo
de lácteos, como el de ovario (por la incapacidad de descomponer
la galactosa), y los de mama y próstata (presumiblemente asociados
al aumento de una sustancia que contiene la leche llamada IGF-1 o factor
de crecimiento similar a la insulina).
4-La diabetes dependiente de insulina (tipo I o inducida en la infancia)
está asociada al consumo de lácteos. Estudios epidemiológicos
de diversos países muestran una fuerte correlación entre
ella y el uso de lácteos.
5- La intolerancia a la lactosa es común en muchas personas,
especialmente entre los de razas no caucásicas. Los síntomas,
que incluyen molestias gastrointestinales, diarrea y flatulencia, suceden
porque estos individuos no poseen los enzimas que digieren la lactosa.
6-El consumo de leche puede que no proporcione una fuente consistente
y fiable de vitamina D en la dieta. En los muestreos de leche se han
encontrado variaciones significativas en el contenido de vitamina D,
con algunas muestras que presentaban hasta 500 veces el nivel indicado,
mientras que otras poseían poca o ninguna. Un exceso de vitamina
D puede ser tóxico y puede provocar niveles excesivos de calcio
en la sangre y en la orina, una absorción superior de aluminio
por el organismo y depósitos de calcio en los tejidos blandos.
7-Se suelen utilizar comúnmente hormonas sintéticas para
las vacas lecheras con el fin de aumentar la producción de leche.
Debido a que las vacas están produciendo cantidades de leche
que la naturaleza jamás previó, el resultado obtenido
es la mastitis, o inflamación de las glándulas mamarias.
Su tratamiento requiere el uso de antibióticos, y se han encontrado
restos de ellos y de hormonas en muestras de leche y otros lácteos.
Los pesticidas y otros medicamentos también son contaminantes
frecuentes de los lácteos.
8-Las proteínas, el azúcar de la leche, la grasa y la
grasa saturada de los lácteos pueden representar riesgos de salud
para los niños y conducir al desarrollo de enfermedades crónicas
tales como obesidad, diabetes y formación de placas ateroscleróticas
que pueden conducir a problemas cardíacos. La Academia Americana
de Pediatría recomienda que los bebés menores de un año
no reciban leche entera de vaca, ya que la deficiencia de hierro es
más probable con una dieta rica en lácteos. Uno de cada
cinco bebés sufren cólicos: los pediatras aprendieron
hace tiempo que la leche de vaca era a menudo la razón. Además,
las alergias a los alimentos parecen ser un resultado común del
consumo de leche, particularmente en los niños.
La preocupación
por el calcio
Ningún animal (en estado libre) tiene a su disposición
tetra-briks de leche en los árboles, de modo que no consumen
leche de otros animales. Y a pesar de ello, que yo sepa, no suelen padecer
deficiencias de calcio. ¿Por qué? Sencillamente porque
las dietas que llevan les proporcionan todos los nutrientes que necesitan
para su estado de salud normal, de forma instintiva saben qué
deben comer y están preparados para extraer de esos alimentos
todo lo necesario.
El problema lo tiene el ser humano, que ya ha perdido esa referencia
instintiva y nuestra dieta está tan desnaturalizada que invariablemente
incorpora un exceso de ciertos factores y una carencia de otros.
Pero en relación al calcio, todo se ha construido en torno a
un mito infundado que asocia la falta de calcio en el organismo con
la falta de calcio en la dieta. Lo cierto es que nada más lejos
de la realidad: por mucho calcio que se añada a la dieta, si
los hábitos de vida en conjunto son incorrectos, las pérdidas
de calcio seguirán representando un problema. Y al contrario:
muchos pueblos indígenas con unos niveles relativamente bajos
de calcio en la dieta obtienen suficiente calcio para mantener huesos
robustos de por vida, gracias a los factores benéficos de su
estilo de vida global.
En este sentido, existen ciertos estudios que arrojan resultados destacables.
El Estudio de Salud de Enfermeras de Harvard, que siguió a más
de 75.000 mujeres durante 12 años, mostró que el aumento
del consumo de leche no tiene un efecto protector sobre el riesgo de
fracturas. De hecho, el consumo superior de calcio procedente de los
lácteos estaba asociado a un mayor riesgo de fracturas.
Por otro lado, tenemos el Estudio de Nutrición Cornell-Oxford-China,
conocido como Proyecto China por haber sido realizado en China continental
y Taiwan. Es un estudio masivo sobre más de 10.000 familias diseñado
para estudiar la dieta, el estilo de vida y las enfermedades a lo ancho
de las lejanas áreas rurales de China. Mediante la investigación
simultánea de más enfermedades y más características
dietéticas que ningún otro estudio hasta la fecha, el
proyecto ha generado la base de datos más completa del mundo
sobre las múltiples causas de la enfermedad. En este estudio
se observó que los chinos (que tradicionalmente nunca han consumido
lácteos y en general su ingesta de calcio es baja), presentan
un riesgo muy inferior de osteoporosis, y las fracturas de cadera allí
son poco frecuentes.
Es decir, que en realidad todo apunta a que los lácteos no ayudan
para mantener huesos fuertes; se puede reducir el riesgo de osteoporosis
reduciendo el consumo de sodio y proteína animal en la dieta,
aumentando el consumo de frutas y verduras, haciendo ejercicio, y asegurando
un adecuado consumo de calcio procedente de vegetales tales como las
hortalizas de hojas verdes, las legumbres y los frutos secos. Por ejemplo,
una ración de brécol contiene tanto calcio aprovechable
como un vaso de leche, además de muchos otros nutrientes saludables.
Cómo reemplazar los derivados lácteos
El hecho de renunciar al consumo de productos lácteos puede acarrear
problemas, pero no para la salud física sino más bien
de tipo social o psicológico, pues en el mundo actual se da un
uso indiscriminado de productos lácteos, que se han introducido
en las costumbres más cotidianas y además forman parte
de una gran mayoría de los alimentos elaborados que se consumen
habitualmente. Renunciar a ellos puede dar la impresión de no
poder consumir casi ninguno de los alimentos que solíamos consumir,
y de restringir enormemente nuestra variedad dietética. La solución
está, una vez más, en utilizar nuestra imaginación,
explorar nuevos alimentos y buscar sustitutos eficaces.
Se pueden reemplazar los lácteos más comunes con los siguientes
productos:
- LECHE LÍQUIDA:
Existen multitud
de alternativas, que son las leches vegetales. La más conocida
es la leche de soja, tomada de las tradiciones orientales, pero también
están las de avena, arroz, almendras, avellanas... Existen muchas
marcas en el mercado y también se pueden elaborar en casa si
se desea. También tenemos un producto muy tradicional: la horchata
de chufa. En general la leche de soja es la que más se presta
a diversos usos (en el desayuno, con cereales, para cocinar, como en
la bechamel, o en la preparación de pasteles y postres).
- MANTEQUILLA:
Aunque las margarinas
convencionales suelen incorporar algún subproducto lácteo
(suero, leche desnatada, etc.), en las tiendas de dietética se
pueden conseguir margarinas 100% vegetales, elaboradas a partir de aceites
vegetales, y además no están hidrogenadas (los procesos
de hidrogenación, aplicados para hacer compactos los aceites
vegetales, son perjudiciales para la salud). No obstante, los aceites
de palma y coco, aunque son de origen vegetal, tienen un contenido bastante
elevado de grasas saturadas, y por tanto deben consumirse con moderación.
- YOGUR/NATILLAS:
También se puede elaborar yogur a partir de las leches vegetales,
como la de soja. Lo único que se necesita es disponer de los
fermentos iniciales, que se pueden adquirir en las tiendas de dietética
(usar un yogur convencional no es una buena opción). Los supuestos
beneficios del yogur proceden de las bacterias que contienen, no del
tipo de leche que constituya su medio de cultivo. También se
comercializan yogures de soja, aunque en nuestro país todavía
disponemos de poca variedad. Igualmente existen en el mercado postres
de soja que, mediante la adición de espesantes, ofrecen una consistencia
cremosa, similar a las natillas; también pueden ser preparados
en casa con facilidad (cocer la leche de soja añadiendo como
espesante fécula de patata o agar-agar, y dejar enfriar).
- QUESOS:
El mismo proceso que se utiliza para elaborar queso a partir de la leche
de vaca, se puede aplicar con las leches vegetales, principalmente la
de soja. El queso de leche de soja se conoce con el nombre de tofu.
Los quesos curados son más difíciles de imitar, aunque
en otros países ya se comercializan muchas variedades de quesos
preparados a partir de soja.
- HELADOS:
Aunque en otros
países existe una amplia oferta de helados dietéticos
a base de soja, en nuestro país todavía no es posible
encontrarlos. Las heladerías producen la mayor parte de sus helados
en crema a partir de la leche, por lo que las opciones no lácteas
son muy escasas, se reducen a las horchatas, los granizados (limón,
café o cebada) y los sorbetes de frutas. Sin embargo, con una
heladera se pueden preparar en casa helados a partir de leche de soja,
añadiendo los sabores preferidos.
Conclusión
En resumen, cualquier persona que se preocupe por la salud debe plantearse
la cuestión de si el consumo de productos lácteos es realmente
indispensable. Existen muchos indicios para pensar que en realidad pueden
acarrear problemas de salud. La leche y demás lácteos
no son necesarios en la dieta, y tenemos formas de reemplazarlos por
otros alimentos más saludables. Así pues, ¿por
qué seguir consumiéndolos? Una dieta sin lácteos
puede cubrir todas las necesidades nutritivas -y sin riesgos para la
salud.

David Román
Abril del 2002
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