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Brutal carnicería de vacas en Estados Unidos

"Estimo que el 30 % de las vacas no son propiamente aturdidas, por lo que están vivas durante la primera fase del procedimiento que se lleva a cabo en el matadero. Esto significa que han estado concientes desde que se encuentran con el matarife hasta que llegan al operador que corta las patas delanteras; pasando por el que corta el abdomen (belly ripper), el que abre el recto (tail ripper), y otros dos operadores que se encargan de despellejarlas. Esas vacas pasan luego por otro trabajador que las cuelga de un gancho (trolley hook), para continuar con la segunda fase.
Puedo asegurar que esas vacas están vivas porque levantan la cabeza, y muchas veces hacen ruido". Este es un extracto de la declaración jurada de un trabajador del matadero IBP,Inc. de Wallula, washington.

Diecisiete empleados de la planta han provisto de declaraciones juradas a gail Eisnitz, de la Humane farming Association (HFA), quien recientemente finalizó una investigación sobre mataderos de Estados unidos. Sus descubrimientos son espantosos. Entre las violaciones a la ley, registró torturas al ganado, fallas en los sistemas de aturdimiento, condiciones peligrosas para los trabajadores, y contaminación de la carne destinada al consumo humano.
En un continuo esfuerzo por aumentar las ganancias, los mataderos están aumentando la velocidad de la "cadena de matanza", osea, el ritmo con el que los animales pasan por los procesos de aturdimiento, muerte y desmembramiento. Los trabajadores deben mantener este ritmo, por lo que no pueden asegurar un trato humanitario al no disponer de tiempo ni atención. Los trabajadores han descripto cadenas que se muevan tan rápido que las vacas son despellejadas vivas, con sus miembros colgando, moviendo sus cabezas y pestañando.
Sus declaraciones indican que las cadenas de matanza de la planta de IBP, aumentaron de 105 vacas por hora en 1980, a transportar actualmente ¡más de 300 vacas por hora!


Fuente : Animal Welfare Institute
Traducido por Facundo Moyano


"A veces el supervisor llega y trabaja con las vacas que aún están vivas. No quieren que los trabajadores paren la cadena, por lo que cuando las vacas están muy activas, deben tocar una bocina para que el supervisor los ayude a despellejarlas. Podría estimar que una de cada diez vacas está todavía viva cuando es despellejada". -extracto de la declaración jurada de un empleado de matadero-



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