La Tergiversación de los Mandatos de Jesús

Jesús
y los primeros Cristianos
extracto
de Food for a Future (Alimento para un Futuro) de Jon-Wynne Tyson,
1975
Pocas
personas pensantes negarían hoy en día que el fracaso
de la Iglesia para perpetuar una fe viva se ha debido en gran parte
a su abandono de la cristiandad en favor de la iglesiandad, y muchas
personas jóvenes en particular considerarían que la
principal acusación contra la enseñanza religiosa ortodoxa
es que la teología, el dogma y el ritual han substituido y
eclipsado los sencillos mandatos morales y espirituales de Jesucristo.
Esto es muy importante para nuestro tema. La tergiversación
más evidente que han hecho las iglesias de los mandatos de
Jesús ha sido en el ámbito de la violencia. Así
lo escribió Henry Salt en su enérgico libro "Setenta
años entre salvajes":
"La
religión nunca ha favorecido la causa humanitaria. Su monstruosa
doctrina del castigo eterno y la tortura de los condenados es la base
de gran parte de la barbaridad con la que el hombre ha tratado al
hombre; y la profunda división creada por la Iglesia entre
el ser humano, con su alma inmortal, y las "bestias" carentes
de alma, ha sido responsable de una cantidad incalculable de crueldad".
Sin embargo, éste no es el lugar para discutir la materia con
profundidad; pero incluso la Biblia (y digo "incluso" por
la razón de que al seleccionar textos de esa fuente uno puede
encontrar aprobación para prácticamente todo lo bueno
o malo que hay bajo el sol) comienza con Dios afirmándole a
los hombres: "Yo les entrego, para que ustedes se alimenten,
toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles frutales"
(Génesis 1,29). Y más adelante, con más énfasis
aún: "Lo único que no deben comer es la carne con
su alma, es decir, con su sangre" (Génesis 9,4).
En "El Evangelio Esenio de la Paz", una traducción
directa de los textos arameos originales, el propio Jesús no
escatimó palabras: "Y la carne de los animales muertos
en su cuerpo se convertirá en su propia tumba. Pues en verdad
os digo que quien mata se mata a sí mismo, y quien come la
carne de animales muertos come del cuerpo de la muerte".
En
su libro "El Evangelio de los Doce Santos", el fallecido
G. J. Ousley ofrece una traducción del evangelio original que
los miembros de la comunidad esenia protegieron de la corrupción
general. Aquí se encuentra una versión de las enseñanzas
de Jesús que no fue manipulada por los "correctores"
designados por las autoridades eclesiásticas de Nicea. Estos
"editores" eliminaron con minucioso cuidado las enseñanzas
que no estaban dispuestos a destacar o a seguir, especialmente todo
lo que pudiera servir como argumento contra el consumo de carne. Por
ejemplo, la historia de la intervención de Jesús en
varias ocasiones para evitar el maltrato de los animales, y también
aquella interesante e importante enseñanza -que siempre sobresale
en las escrituras orientales- de la unidad esencial de toda vida.
En
la comunidad donde vivieron José y María no se mataba
un cordero para celebrar la Fiesta de la Pascua. José y María,
sus padres, subieron a Jerusalén todos los años a la
Fiesta de la Pascua, y "cumplían con la fiesta de la misma
forma que sus verdaderos hermanos, quienes se abstuvieron de derramar
sangre y consumir carne y bebida embriagante".
El texto esenio indica que Jesús amaba y protegía a
los animales y a las aves desde su infancia: "Y les habló
a todos ellos, diciendo: "Guardaos de la sangre y de las cosas
estranguladas, y de los cadáveres de aves y animales, y de
todos los actos de crueldad y de todo lo que se obtenga indebidamente.
¿Acaso pensáis que la sangre de animales y aves lavará
el pecado?"". La comida de Juan el Bautista era el fruto
del árbol de la langosta y miel silvestre, y a los discípulos
se les prohibió comer comida de carne: "Comed de lo que
se os ofrezca, pero no toquéis lo que se obtenga quitando la
vida, pues no es permitido para vosotros. Y en cualquier ciudad en
la que entréis y ellos os reciban, comed las cosas tal y como
se os ofrezcan, sin quitar la vida… y permaneced en la misma casa,
comiendo y bebiendo las cosas así como ellos las sirvan, sin
derramar sangre… sed, por tanto, considerados, sed tiernos, sed piadosos,
sed bondadosos; no sólo con vuestra especie, sino con toda
criatura que esté a vuestro cuidado, pues para ellas vosotros
sois como dioses a quienes buscan en sus necesidades".
Es
interesante que en esta traducción no aparece la historia del
milagro de los panes y los peces. En su lugar hay un relato sobre
el milagro del pan, la fruta y un cántaro de agua: "Y
Jesús les ofreció el pan y la fruta y también
el agua. Y comieron y bebieron y fueron saciados. Y se maravillaron,
pues cada uno tuvo mucho de sobra, y había cuatro mil".
Y cuando Judas trae un cordero para matarlo en la Pascua, Jesús
lo reprende: "No es derramando sangre inocente, sino viviendo
una vida justa, como hallaréis la paz de Dios… benditos aquellos
que guardan esta ley, pues Dios se manifiesta en todas las criaturas.
Todas las criaturas viven en Dios y Dios está oculto en ellas…
aquellos de toda nación que no se manchan con la crueldad,
que hacen lo justo, aman la compasión, reverencian todas las
obras de Dios y socorren a todos los que se encuentran débiles
y oprimidos, los mismos son el Israel de Dios".
Jesús fue acusado de hablar contra la ley cuando citó
las palabras de Jeremías en contra de las ofrendas de sangre
y los sacrificios, y respondió a quienes lo criticaban: "Ciertamente
no hablo contra Moisés ni contra la ley, la cual él
permitió debido a la dureza de vuestros corazones", continuando:
"Pues sólo participo de los frutos de los árboles
y de las semillas y las hierbas, y éstos se convierten en mi
carne y en mi sangre por medio del espíritu. Sólo de
éstos y de lo que es semejante comeréis los que creáis
en mí y en mis discípulos; ya que de éstos, en
el espíritu, viene la vida, la salud y la sanación sobre
el hombre…"
Si
estos extractos se aceptan como prueba nada más, confirman
por lo menos que la Biblia era originalmente un documento mucho más
completo que el que tenemos actualmente. Parecería que no existen
diferencias entre las enseñanzas de Jesús y la filosofía
del vegetarianismo humanitario, y es ilógico esperar que las
hubiera, pues se sabe que Jesús fue Nazareno, una secta pre-cristiana
de judíos sirios similares a los Esenios, cuya obediencia de
las leyes de Moisés tomaba particularmente en cuenta el mandamiento
"No matarás".
Sus
órdenes internas se abstenían de la carne de cadáveres
y del alcohol. Pero se patina siempre sobre hielo incierto cuando
se recurre a inspiradores pasajes fuera de su contexto. Lo que debe
influenciar a cualquier estudiante responsable que se interese específicamente
en la actitud cristiana hacia la crueldad, no es qué párrafos
de la Biblia se pueden citar, ni cuáles son las interpretaciones
de los sacerdotes, sino el espíritu y el contenido completos
de la vida de Jesús hasta donde nos sea posible juzgarlos por
los textos que nos han llegado. Sin importar cuáles hayan sido
sus fallas e inconsistencias personales, Jesucristo fue claramente
un hombre que predicó la no-violencia. No sabemos hasta qué
punto él pudo prestarle atención al tema de la violencia
del hombre hacia otras especies, pero quizás haya encontrado
mucho que hacer en su corta vida para convencer a los seres humanos
de los fundamentos de una mejor conducta entre sí mismos. Dos
mil años más tarde, con el arduo trabajo de la teoría
terminado desde hace tiempo, es más fácil ampliar nuestra
preocupación, que es quizá lo que precisamente siempre
han esperado Jesús y otros grandes maestros de sus "rebaños".
No tenemos ningún derecho a asumir que las órdenes más
bajas de la creación se encuentran excluidas de su compasión
por el hecho de que sólo unos cuantos hayan elaborado unos
estatutos específicos para los animales.
Cuánto
más extraño habría resultado que se hubiese dado
este caso: "Yo os digo, si deseáis infligir cualquier
crueldad o sufrimiento a los animales, podéis hacerlo".
De algún modo suena inverosímil.
Extraído
de las páginas de IVU
Traducido por Diego Alejandro Muñoz - alejandromzu@yahoo.com