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4- La Tierra Orgánica
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En la agricultura orgánica la tierra es el elemento
básico para que las plantas tengan:
- buen
crecimiento
- resistencia
a las enfermedades y plagas
- buena
calidad como alimentos
La
tierra es algo vivo, en ella habitan millones de organismos
y microorganismos que trabajan continuamente, ayudando a
producir los nutrientes que sirven de alimento a las plantas.
Por esto la llamamos TIERRA ORGANICA.
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¿Como se compone la tierra orgánica?
La
tierra orgánica o humus es la unión de:
-
una parte mineral, inerte. Son los restos de rocas que se han ido
desintegrando hasta formar partículas de arcilla, limos y arenas y
- la
materia orgánica: son los restos de animales y vegetales (pastos,
ramas, huesos, etc.) que son transformados en humus gracias a la acción
de los organismos y microorganismos (bacterias, hongos, etc.) que
viven en el suelo.
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La
lombriz es un gran auxiliar en este proceso pues,
al cavar galerías airea la tierra y, al ingerirla constantemente,
su organismo la va convirtiendo en un fertilizante natural.
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En
la naturaleza los procesos de formación del humus tienen una dinámica
continua, es un ciclo que no se detiene.
El
mejor ejemplo para entenderlo es lo que ocurre en el bosque. Las
hojas de los árboles, sus ramas, los animales que mueren o sus
desechos, van depositándose sobre el suelo.
Los
seres vivos del suelo los trituran para comérselos, ayudando a
que se descompongan en partículas cada vez más pequeñas (que van
integrándose a la tierra).
El
sol y la lluvia también intervienen en este proceso que hace que
la materia orgánica se vaya convirtiendo en alimento asimilable
por las plantas.
Es
el alimento que el bosque se fabrica para sí, en un equilibrio
que evita que los árboles mueran y el lugar se convierta en un
desierto.
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Todos
los organismos que intervienen en este ciclo viven en la capa superficial
de la tierra porque necesitan oxígeno y humedad.
¿Por qué se agotan los suelos?
El
desgaste del suelo puede producirse por distintos motivos:
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1)
Repetir un mismo cultivo año tras año provoca el agotamiento de
ciertos nutrientes.
Asimismo,
el uso continuo de ese suelo sin reponer la fertilidad que las
plantas consumen, termina empobreciéndolo.
Para
evitar esto, en la huerta orgánica recurriremos a las rotaciones
y a los abonos.
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2) Los suelos desnudos también corren serios riesgos de desgastarse
por efecto del impacto de las gotas de agua o del viento. Por ejemplo,
una fuerte lluvia impactará sobre el suero, deshaciéndolo en partículas
cada vez más pequeñas. Estas, al salir el sol y secarse, taponan la
superficie de la tierra, formando "costras" que dificultan el crecimiento
de las plantas. El viento, a su vez, actúa sobre el suelo desprotegido
"barriendo" su capa superficial, que es precisamente la más valiosa.

Para
evitar estos problemas, mantendremos los tablones siempre sembrados
o bien los protegeremos con mantillo, que amortiguará los golpes del
agua y evitará la erosión por el viento o el resecamiento por el sol.
¿Cómo cuidar la
tierra?
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Conociendo
qué pasa en el suelo, advertiremos que,
si queremos
obtener cosechas sanas y abundantes
durante todo el año, vamos a tener que "proteger"
y "alimentar" nuestra tierra.
En los primeros
centímetros es donde está la tierra fértil y los seres vivos
(que "fabrican" permanentemente alimento para las plantas).
Esta es la razón por la cual no vamos a dar vuelta el pan de
tierra
al preparar los tablones, sino que sólo la removeremos con la
horquilla.
Con trabajo podremos transformar una tierra mala en tierra orgánica,
apta para verduras.
La fertilidad
puede asegurarse por dos caminos:
- Las Rotaciones
(con plantas reponedoras de fertilidad) y
- Los Abonos:
de superficie, verdes y compuestos.
Las rotaciones
No todas las
plantas se comportan igual con la tierra.
Distintas especies tienen "preferencias" para extraer algún nutriente
en particular.
Algunas, incluso, pueden mejorar la fertilidad de la tierra.
Sabiendo aprovechar estas diferencias, podremos beneficiar nuestra
huerta.
Este es el principio básico de lo que llamamos "rotación".
Con una adecuada rotación de plantas no sólo conservamos la fertilidad,
sino que también, al cambiar de tablón año tras año, prevenimos
el ataque
de plagas y enfermedades.
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Si
nos interesa conservar y aumentar la calidad de nuestra tierra, podemos
armar una rotación en la que se sucedan los siguientes grupos de hortalizas:
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"Reponedoras"
Las
llamamos así porque son plantas que enriquecen la tierra, aportándole
fertilidad. Las sembramos al principio, así van mejorando la
tierra para sembrar, más adelante, verduras (que son cultivos
más delicados). Son las leguminosas: poroto, habas, soja.
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"Consumidoras
rústicas"
Las llamamos así porque pueden crecer bien en tierras donde la
materia orgánica no alcanzó su total descomposición (materia orgánica
en bruto). Entre ellas están los repollos, tomates, acelgas y
zapallos. |
"Consumidoras
finas"
Estas necesitan que la materia orgánica esté bien descompuesta,
que la tierra esté fina y desmenuzada. Por esta razón no es aconsejable
sembrarlas en tierras malas o en suelos que nunca han sido cultivados.
Recién podremos hacerlas cuando hayamos mejorado la tierra y ésta
se encuentre en condiciones adecuadas. En este grupo están las
lechugas, las zanahorias, las espinacas. |
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También
podemos hacer rotaciones beneficiosas tomando como regla que
en los tablones se sucedan:
- hortalizas
de raíz (zanahorias, remolachas, etc. )
- hortalizas
de hoja (lechugas, acelgas, espinacas, etc.)
- hortalizas
de fruto (tomates, pimientos, berenjenas, zapallos, etc.)
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Esto nos
permitirá que las plantas que se suceden aprovechen mejor todas
las capas de la tierra y los nutrientes que ésta posee (por
ej. las hortalizas de raíz son más consumidoras de potasio,
mientras que las de hoja lo son del nitrógeno).
Conocer
ésto nos permitirá hacer las siembras asociadas (más de una
especie por tablón), al sembrar variedades que no compitan por
los mismos nutrientes y así aprovechar al máximo nuestro terreno.
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Finalmente, si queremos
evitar que las plagas y enfermedades se propaguen en los tablones, debemos
tener cuidado de no suceder cultivos que estén emparentados por la naturaleza.
No suceder
entre sí:
- Espinaca, remolacha,
acelga
- Tomate, pimiento,
berenjena, papa
- Lechuga, achicoria,
escarola
Algunas recomendaciones:
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En la chacra
de Primavera, donde teníamos maíz, zapallo y poroto, sembraremos,
en el invierno, habas.
Recordemos
que, a la primavera siguiente, el maíz debe cambiar de lugar,
no puede estar dos años sembrado en el mismo sitio.
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Con el fin de alimentar
la tierra, en invierno, también haremos habas en la huerta. Así, tendremos
un tablón mejorado para sembrar tomates en la primavera. Al invierno
siguiente podemos poner verduras y al próximo verano también verduras.

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Material provisto por - INTA
- Pro-Huerta
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• Manual instructivo adaptado para internet por Manuel
Alfredo Martí • UVA
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