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Roger Fouts ha dedicado treinta años de su vida a investigar el origen de la inteligencia y lenguaje humanos. Gracias a sus trabajos y videos ha demostrado a toda la comunidad científica que los chimpancés están capacitados para el uso del lenguaje. Enseñó este sistema de comunicación a Washoe, una chimpancé que a su vez lo transmitió a su hijo adoptivo y lo hizo extensivo a toda una comunidad de primates que expresaban sus deseos mediante gestos. -¿Cuánto difiere la inteligencia humana de la de los chimpancés? La inteligencia de los chimpancés reside en la adaptación a su nicho. En otras palabras, en una inteligencia adecuada para su supervivencia. Los chimpancés son verdaderos genios en el arte de la comunicación gestual. Este tipo de inteligencia social tiene mucho sentido si se tiene en cuenta que nacen dentro de una pequeña y cerrada comunidad, llegando a convivir durante 60 años con los mismos individuos. Llegan a conocer muy bien al otro. Nuestra propia inteligencia es de este grado, pero nos hemos corrido hacia un tipo de inteligencia que yo llamaría casual, lógica - en otras palabras, la habilidad de resolver problemas en nuestra cabeza. Los chimpancés también pueden hacerlo, pero no en el mismo nivel que nosotros. Por otro lado, nosotros no podemos entender lenguajes corporales como lo hacen los chimpancés. Nacemos sin contacto con nuestro cuerpo, por lo que tratamos nos enfocamos en nuestra mente. Los chimpancés hacen las dos cosas. Nuestra inteligencia no sólo nos alejó de nuestros cuerpos, sino también de nuestras familias, comunidades, y hasta de la Tierra misma. Esto puede ser un grave error en la supervivencia de nuestra especie a largo plazo. -¿Qué has aprendido de la vida emocional de los chimpancés? Tienen las mismas emociones que nosotros. Esto no es ninguna sorpresa ya que nuestras emociones provienen de nuestro sistema límbico, que es la parte más vieja de nuestro cerebro. Lo he visto expresar alegría, tristeza y compasión. Hace 18 años vi a Washoe llorar la pérdida de un bebé; estaba tan deprimida que pensamos que se dejaría morir. Lo que, por cierto, le pasó a otro chimpancé llamado Flint que estaba estudiando Jane Goodall. Cuando murió la madre de Flint, éste se dejo morir. Tal vez, la emoción más importante que comparten los chimpancés con nosotros, es el sufrimiento cuando son separados de sus amigos y familiares. Algún día nos daremos cuenta de esto y dejaremos de encerrarlos durante décadas en pequeñas jaulas. -En 1987, junto con Jane Goodall, visitaste un laboratorio Biomédico en Maryland. ¿Qué fue lo que viste y porqué fue tan movilizador para ustedes dos? Vimos chimpancés alojados en unidades llamadas "isolettes". Eran pequeñas cajas de metal y plexiglás con ventilación en la parte de arriba. Eran del tamaño de un refrigerador muy pequeño. Nunca voy a olvidar el momento en que vi el primer chimpancé en una de estas unidades. Cuando abrimos la puerta, nos miró. Pero cuando nos miraba parecía que miraba a través nuestro. Estaba mentalmente ida. Jane comentó que lo mismo había visto en niños hambrientos de Africa. El chimpancé se había rendido. No era más un chimpancé. Los chimpancés que Jane y yo conocemos, hubieran estado atentos tratando de hacer algún contacto social. Lo más triste de todo eso, eran los científicos mostrándonos a estos individuos confinados, sin mostrar signos de compasión o noción por el sufrimiento por la que estaban pasando los animales. Su compasión se había ido. Eso es lo que la objetividad científica puede hacer en los seres humanos. -¿Cómo reaccionaron tus colegas científicos frente a tu postura a favor de los derechos de los chimpancés o debería decir "responsabilidades humanas" para con ellos? La gran mayoría de los científicos que conocen el comportamiento de los chimpancés y, los conocen como personas o en su habitat natural, están de acuerdo con esta postura. Por ejemplo, Jane Goodall está a favor de esta postura. Los que piensan que los cuidados apropiados cuestan mucho dinero, están en contra, incluyendo algunos investigadores del comportamiento que reciben fondos federales. No quieren morder la mano que los alimenta. Los investigadores de Biomédicina por supuesto que no pueden apoyar esta postura porque entonces tendrían que afrontar lo que le han venido haciendo a los chimpancés -enjaularlos durante 40 a 50 años-como lo que han hecho con las comunidades salvajes de donde surgen sus objetos de experimentación. No es algo agradable de afrontar. Citando a Pogo: "Hemos encontrado al enemigo, y somos nosotros" -En tu libro decís que no tenemos un derecho moral para usar chimpancés en estudios médicos. Pero, ¿no tenemos necesidad de utilizarlos? ¿Qué alternativas existen para estudiar enfermedades humanas como el SIDA, sin tener que usar monos? El argumento de la "necesidad" es un argumento muy peligroso. Si justificáramos todo lo que hacemos en base a la necesidad, estaría justificado que yo le extirpara el corazón a mi vecino para salvar la vida de mi hija. Este tipo de justificación es utilizada en el caso de los chimpancés porque son de una especie diferente a la nuestra -en otras palabras son genéticamente diferentes. Pero, biológicamente hablando, no hay lineas divisorias entre especies; son sólo categorías muy encrespadas. Desde el punto de la distancia genética, podría justificar extirpar el corazón de mi vecino porque está genéticamente más lejano de mí que yo de mi hija. Y si, mi vecino fuera de otra raza, podría decir tomar su corazón diciendo que está aún más lejos mío. Este tipo de argumento no sólo es aberrante, sino peligroso. -Estás trabajando en el diseño de un Sistema de Santuario Nacional para Chimpancés. ¿Cuál es la finalidad de estos santuarios? Es sólo sentido común. En la actualidad, cuando un chimpancé ya no rinde más en los estudios biomédicos, es encerrado en una pequeña jaula, en algún laboratorio perdido durante 40 o 50 años. Este tipo de aislamiento no sólo es muy costoso, sino que es una de las cosas más crueles que se le puede hacer a una especie tan sociable como los chimpancés. Estamos proponiendo que el Gobierno establezca santuarios -usando fondos ya destinados a el cuidado de los chimpancés de laboratorio-donde puedan vivir sus últimos años en grupos sociales y espacios abiertos. Es lo menos que podemos hacer por un chimpancé que ha pasado su vida entera en servicio de la salud humana. -Después de 30 años, seguís viviendo con Washoe y los otros 4 miembros de su familia. ¿Cómo es su vida de todos los días? ¿Existe alguna posibilidad de que regresen a la selva africana? En 1993,
terminamos con éxito el nuevo hogar de Washoe. Tiene un espacioso
terreno de pasto verde cubierto con una malla de metal, lo que
les brinda la posibilidad de colgarse y trepar. En el interior
del recinto también tienen redes, y estructuras para trepar
que asemejan árboles. A la noche duermen todos juntos en un
cuarto. Sus días son como los nuestros. Mi mujer y yo vamos
a saludarlos a la mañana, y ellos nos dan las sábanas y los
platos sucios de la noche anterior. Empezamos a lavar, y tomamos
el desayuno. Esto ocurre de 7:30 a 9:00 AM. Después del desayuno,
salen afuera donde comienzan distintas actividades. Por ejemplo,
si es el cumpleaños de alguno, deberán buscar los regalos y
juguetes nuevos que hemos escondido por toda el área. Los chimpancés
aman las vacaciones -de hecho, Tatu se anticipa preguntando
por ellas. Al mediodía, entran para almorzar, y vuelven a salir
para jugar o hacer lo que tengan ganas. Estamos todo el día
juntando información sobre sus conversaciones por signos, pero
es siempre una investigación observacional, nunca los hacemos
participar en estudios científicos. ¿Puede ser Washoe devuelta a la selva? Esa es una idea muy romántica que yo tuve una vez, y Jane Goodall me hizo ver lo equivocado que estaba. Los chimpancés son tan parecidos a nosotros en tantos aspectos, que se vuelven incultos al igual que nosotros. Washoe creció con una ciudadana americana de clase media -utilizando un lenguaje humano, comiendo en un plato, usando ropas de bebé. Jane me comentó que enviar a Washoe a la selva, sería como dejar en la selva a una niña humana de 12 años para que se valga por sus propios medios. Sería algo muy cruel. Los chimpancés que han crecido fuera de la selva no tienen las habilidades -habilidad de cazar, de hacer herramientas-necesarias para sobrevivir. -¿Cuál son las enseñanzas que te dejaron los 30 años de amistad con Washoe? Washoe
me enseñó que ambos somos parte de un mundo natural que compartimos
con todos los demás animales. Me enseñó que la personalidad
va más allá de la clasificación de especies. Que la arrogancia
humana es muy letal en nuestros prójimos, especialmente cuando
está combinada con la ignorancia. Me mostró que la compasión
es uno de nuestros más preciados rasgos, que deberíamos hacerlo
valer entre todas las especies. Me ayudó a darme cuenta que
si los humanos no aceptan y respetan a las otras especies compañeras
de este planeta, tendremos grandes posibilidades de echar todo
a perder. Fuente:
Central Washington University
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