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Fitoquímicos:
guardianes de nuestra salud
por Winston J.
Craig
Traducción realizada por David Román, previa autorización
expresa
© W.J. Craig. Phytochemicals: Guardians of Our Health. Issues in
Vegetarian Dietetics Vol 5(3):1 & 6-8, Spring 1996. A Continuing Education
article. Vegetarian Nutrition Dietetic Practice Group. Disponible en:
http://www.vegetariannutrition.net/ Consultado el 21/06/2006. American
Dietetic Association. Usado con permiso
Cada vez más,
los consumidores son alentados a comer más alimentos vegetales
(1). La dieta óptima que recomiendan la mayoría de las
organizaciones de profesionales de la salud es una dieta baja en grasas,
baja en grasa saturada y rica en carbohidratos complejos caracterizada
por un consumo frecuente de verduras, frutas, y pan, arroz y pasta integrales.
El grupo de estudio sobre dieta, nutrición y prevención
de enfermedades transmisibles de la Organización Mundial de la
Salud (OMS) recomendó que se consuma diariamente al menos 400
gramos de frutas y verduras, incluyendo al menos 30 gramos de legumbres,
frutos secos y semillas (2).
Consumir una dieta
rica en tales alimentos vegetales proporciona un aporte de sustancias
fitoquímicas no nutritivas procedentes de las plantas que poseen
una serie de efectos protectores para la salud. Los frutos secos, los
cereales integrales, las frutas y las verduras contienen abundantes
compuestos fenólicos, terpenoides, pigmentos y otros antioxidantes
naturales (incluyendo las vitaminas A, C y E) que han sido asociados
con la protección y/o el tratamiento de enfermedades crónicas
tales como las enfermedades cardiacas, el cáncer, la diabetes
y la hipertensión, así como otros problemas médicos
(3). Además de los fitoquímicos, las frutas y las verduras
son por naturaleza bajas en grasas, grasa saturada, colesterol, calorías
y sodio, y son ricas en potasio, fibra, ácido fólico y
vitamina C.
Consume más
frutas y verduras
En un 82% de los 156 estudios dietéticos revisados recientemente,
se encontró que el consumo de frutas y verduras proporcionaba
una protección importante frente a muchos tipos de cáncer
(4). Las personas que comen mayores cantidades de frutas y verduras
tienen más o menos la mitad de riesgo de contraer cáncer
y una tasa inferior de mortalidad por cáncer (5, 6). Las frutas
y verduras presentan la mayor efectividad frente a aquellos cánceres
que afectan a las células epiteliales como es el cáncer
de pulmón, de cuello del útero, de esófago, de
estómago, de colon y de páncreas. Los resultados de un
estudio italiano a gran escala revelaron que el riesgo relativo de los
cánceres epiteliales comunes oscilaba entre el 0,2 y el 0,5 para
el tercil superior comparado con el tercil inferior de ingesta de vegetales
(7). El efecto protector de los vegetales fue también observado
para los cánceres relativos a las hormonas. Las ingestas mayores
de fruta proporcionan un riesgo reducido de muchos cánceres epiteliales
aunque la protección era generalmente de una magnitud menor.
Actualmente se están desarrollando campañas para promocionar
un mayor consumo de frutas y verduras. El programa "5 al día"
fue diseñado para animar al consumo de al menos cinco raciones
diarias de frutas y verduras. El consumidor americano medio come sólo
alrededor de una ración y media de verduras por día y
menos de una ración de fruta por día. Una reciente encuesta
de hábitos alimentarios mostró que sólo 1 de cada
11 consumidores cumplía las directrices de comer al menos 3 raciones
diarias de verduras y al menos 2 raciones diarias de fruta (8). De hecho,
1 de cada 9 consumidores encuestados no había comido ni fruta
ni verdura durante el día del sondeo, y un 45% reconoció
no haber comido fruta ese día. Cuando se les preguntó
cuántas raciones de frutas y verduras se debería comer
cada día para mantener una buena salud, la gente ofreció
respuestas sorprendentes. Dos de cada 3 encuestados dijeron que pensaban
que tan sólo 2 raciones o menos eran suficientes para una buena
salud (9).
Un estudio publicado
recientemente sobre 2400 mujeres griegas apreció respecto al
consumo de verduras y frutas, que ambos estaban asociados independientemente
con reducciones significativas de la incidencia del cáncer de
mama (10). Las mujeres con la mayor ingesta de verdura (4-5 raciones
al día) presentó un 46% menor riesgo de cáncer
de mama en comparación con las mujeres que tenían la ingesta
más escasa de verdura (menos de 2 raciones diarias). Las mujeres
con la mayor ingesta de fruta (6 raciones diarias) presentó un
35% menor riesgo de cáncer de mama en comparación con
aquellas que tenían la ingesta más escasa de fruta (menos
de 2 raciones diarias).
Protección
vegetal
El Instituto Nacional del Cáncer ha gastado por encima de los
20 millones de dólares durante los últimos 5 años
investigando el potencial anti-cáncer de los alimentos vegetales
(11). Los alimentos y hierbas con la mayor actividad anti-cáncer
incluyen el ajo, la soja, la col, el jengibre, el regaliz y las verduras
umbelíferas (como las zanahorias, el apio, el cilantro, el perejil
y la chirivía). Los alimentos con un modesto nivel de actividad
protectora frente al cáncer son la cebolla, el lino, los cítricos,
la cúrcuma, las verduras crucíferas (brécol, coles
de Bruselas, la col y la coliflor), las solanáceas (tomates y
pimientos), el arroz integral y el trigo integral. Otros alimentos y
hierbas en los que se apreció alguna actividad anti-cáncer
fueron la avena y la cebada, la menta, el romero, el tomillo, el orégano,
la salvia, la albahaca, el pepino, el melón y las bayas (11).
La investigación ha identificado multitud de sustancias activas
en estos alimentos que proporcionan protección frente al cáncer.
Estos fitoquímicos incluyen los sulfuros de alilo en el ajo y
las cebollas; los fitatos en los cereales y legumbres; los glutaratos
en los cítricos, cereales y verduras solanáceas; los lignanos
en el lino y la soja; las isoflavonas en la soja; las saponinas en las
legumbres; los indoles, los isotiocianatos y la ditioltiona en las verduras
crucíferas; el ácido elágico en la uva, las fresas,
las frambuesas y los frutos secos; los ftalatos y poliacetilenos en
las verduras umbelíferas; y una amplia gama de flavonoides, carotenoides
y terpenoides en diversos alimentos vegetales. Estas sustancias beneficiosas
bloquean diversas acciones hormonales y procesos metabólicos
que están asociados con el desarrollo del cáncer (11,
12).
Los estrógenos
pueden ser metabolizados por enzimas citocromo P-450 para producir 2-hidroxiestrógenos
o 16 alfa-hidroxiestrógenos. La actividad relativa de estos dos
procesos en un individuo determina el riesgo de cánceres hormono-dependientes.
La hidroxilación a C-16 conduce a metabolitos que promueven la
acción estrogénica y aumentan el riesgo de cáncer
de mama y útero, mientras que la hidroxilación C-2 produce
metabolitos que contrarrestan la acción estrogénica y
reducen el riesgo de cáncer (13). Los factores del estilo de
vida influyen en la actividad de estos dos procesos. Por ejemplo, la
obesidad suprime la hidroxilación C-2 mientras que el ejercicio
aeróbico la eleva. El proceso C-16 es elevado por las dietas
ricas en grasa. Los fitoquímicos de nuestros alimentos pueden
alterar las actividades relativas de estos dos tipos de proceso. El
indol-3-carbinol de las verduras crucíferas es un potente inductor
de la enzima estrógeno 2-hidroxilasa (13).
¿Los fitoquímicos
resultan destruidos por la cocción? La mayoría de los
compuestos son estables al calor y no se pierden significativamente
en el agua de la cocción. Mientras que la vitamina C se pierde
parcialmente con la cocción, la disponibilidad de los carotenoides
y el nivel de indoles del brécol puede realmente aumentar durante
la cocción (14).
Menos cáncer
con la soja
Las habas de soja contienen niveles bastante elevados de diversos compuestos
con una demostrada actividad anti-cáncer, como son los fitatos,
los inhibidores de la proteasa, los fitoesteroles, las saponinas y los
isoflavonoides (15). El consumo de soja se sugiere como uno de los factores
que contribuye a la baja incidencia de cáncer de mama y de próstata
entre las mujeres y hombres japoneses, respectivamente. Los chinos que
tienen un consumo regular de soja y/o tofu presentan sólo la
mitad de cáncer de estómago, colon, recto, mama y pulmón
en comparación con aquellos chinos que rara vez consumen soja
o derivados de soja (16).
La soja y otros productos de soja no fermentados tales como el tofu,
son una fuente única y muy rica de las isoflavonas genisteína
y diadzeína. Estos isoflavonoides inhiben el crecimiento de las
células cancerosas tanto hormono-dependientes como hormono-independientes,
en cultivos (17). Las isoflavonas de la soja han demostrado inhibir
el crecimiento del cáncer de mama y de próstata en humanos
(16). Se aprecia una baja mortalidad por cáncer de próstata
en los hombres japoneses que siguen una dieta baja en grasa y rica en
productos de soja. Una tasa inferior de cáncer de próstata
se observa también en los hombres de Hawai de descendencia japonesa
que comen regularmente arroz y tofu.
Los estrógenos
pueden estimular el crecimiento de tumores mamarios en experimentos
animales. La genisteína de la soja actúa como débil
anti-estrógeno, compitiendo por unirse a los receptores estrogénicos
y reduciendo la síntesis y actividad del estrógeno endógeno
(18). Por consiguiente, la genisteína puede funcionar como antagonista
del estrógeno y reducir el riesgo de promover el crecimiento
de los tumores sensibles a los estrógenos. Se pueden obtener
niveles considerables de isoflavonas dietéticas mediante un consumo
diario de una onza o dos de proteína de soja (30-60 gramos).
Media taza de habas de soja, una taza de bebida de soja o unos 100 gramos
de tofu pueden proporcionar alrededor de 30-40 mg de genisteína
(19).
La soja también
reduce el colesterol
Diversos estudios humanos realizados durante los últimos 20 años
han mostrado que las personas que consumen diariamente entre 30 y 60
gramos de proteína de soja durante unas 4 semanas pueden experimentar
un descenso de sus niveles de colesterol total y del colesterol LDL
de entre un 10 y un 20 por ciento cuando los niveles iniciales de colesterol
en sangre eran elevados (20). En algunos casos, las personas con niveles
normales de colesterol en sangre pueden también beneficiarse
de una reducción de los niveles de lípidos en sangre mediante
el consumo de soja. Mientras que los niveles de LDL se reducen, los
niveles del colesterol HDL generalmente permanecen sin cambios.
El uso de la soja también reduce los niveles de triglicéridos,
especialmente en sujetos con niveles altos de triglicéridos en
sangre. La respuesta de los lípidos en sangre tiende a ser más
pronunciada en adultos jóvenes que en los mayores. Las reducciones
son generalmente mayores en sujetos con niveles iniciales de colesterol
altos. Un reciente meta-análisis de 38 ensayos clínicos
controlados encontró que una ingesta media de 47 gramos diarios
de proteína de soja producía como media un descenso del
13% en los niveles de colesterol LDL y un 10% de descenso en los niveles
de triglicéridos (21).
Con tan sólo
entre 30 y 60 gramos de proteína de soja aislada, incorporada
a bollos, panes, galletas y otros productos de consumo común,
se puede reducir eficazmente los niveles de colesterol de hombres que
inicialmente tenían niveles de colesterol por encima de los 220
mg/dl (22). Simplemente reemplazar la leche por bebida de soja se ha
comprobado que provoca la reducción de los niveles de colesterol
en sangre entre un 5 y un 10% y los niveles de colesterol LDL entre
un 10 y un 20% en el plazo de 4 semanas (23). Resulta evidente que unos
cambios muy modestos en nuestra dieta producen un efecto mensurable
sobre los niveles de lípidos en sangre.
El mecanismo de
acción de la soja todavía no se conoce con exactitud.
Las isoflavonas de la soja son potentes inhibidores de la síntesis
del colesterol, y los esteroles vegetales (por ejemplo, el beta-sitoesterol)
y las saponinas de la soja pueden obstruir la absorción del colesterol
de los alimentos o incrementar la excreción de colesterol fuera
del organismo (24).
Fitoquímicos
en los cítricos
Los cítricos, además de su abundante aporte de vitamina
C, ácido fólico, potasio y pectina, contienen un conjunto
de fitoquímicos activos que también protegen nuestra salud.
De hecho, existen más de 170 fitoquímicos en una naranja
(25). Los más de 60 flavonoides de los cítricos poseen
una amplia gama de propiedades incluyendo la actividad antiinflamatoria
y antitumoral, la inhibición de los coágulos de sangre
y una fuerte actividad antioxidante (26). Se sabe que los flavonoides
tangeretina y nobiletina son potentes inhibidores del crecimiento de
las células de los tumores y pueden activar el sistema desintoxicante
de la enzima P-450 (27).
Existen unos 40 limonoides en los cítricos, siendo los principales
la limonina y la nomilina. Estos compuestos, que aparecen en altas concentraciones
en los zumos de pomelo y de naranja, aportan parcialmente su sabor agrio
a los cítricos. Los limonoides poseen la capacidad de inhibir
la formación de tumores estimulando la enzima glutatión
S-transferasa (GST) (28). La GST es una enzima desintoxicante que cataliza
la reacción del glutatión con electrófilos peligrosos
para formar compuestos menos tóxicos y más solubles en
agua que puedan ser excretados del organismo fácilmente.
Los aceites de naranja
y de limón contienen cantidades importantes de limoneno, un terpenoide
que también posee actividad anti-cáncer (29). La pulpa
de los cítricos y el albedo (la parte blanca de la corteza) son
ricos en glucaratos. Estas sustancias están siendo estudiadas
por su potencial para prevenir el cáncer de mama y para reducir
el riesgo de síntomas del síndrome premenstrual (25).
Existen alrededor
de 20 carotenoides en una naranja. Los pomelos rosados poseen un elevado
contenido de beta-caroteno, mientras que otros cítricos (como
las mandarinas y las naranjas) contienen altos niveles de otros carotenoides
(luteína, zeaxantina, beta-criptoxantina) (30) que poseen una
importante actividad antioxidante. Estos carotenoides están asociados
con una menor incidencia de degeneración macular relacionada
con la edad, que es la principal causa de ceguera en los Estados Unidos
a partir de los 65 años (31). El pomelo rosado contiene también
un alto nivel de licopeno, el pigmento rojo del tomate y la guayaba
que tiene una importante actividad antitumoral.
La protección
de los cereales integrales
Los fitoquímicos encontrados en las frutas y verduras son muy
similares a los que aparecen en los cereales integrales. Los fitoquímicos
de los cereales incluyen esteroles vegetales, fitasas, fitoestrógenos,
tocotrienoles, lignanos, ácido elágico y saponinas (32).
Estas sustancias reducen el riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer.
Los fitoquímicos activos están concentrados en el salvado
y el germen, por lo que los beneficios para la salud de los cereales
son maximizados cuando se consumen en su estado integral. Refinar el
trigo, por ejemplo, provoca una pérdida de entre 200 y 300 veces
su contenido fotoquímico (33).
Las frutas, verduras y cereales contienen numerosos compuestos isoprenoides
que presentan actividad anticáncer. Estos compuestos, que derivan
del metabolismo del mevalonato, incluyen los tocotrienoles (relacionados
con los tocoferoles), y los monoterpenos como el limoneno, el geraniol,
el mentol, la carvona, la beta-ionona, el periril alcohol (34). Puesto
que las células de un tumor sintetizan y acumulan colesterol
más deprisa que las células normales, los isoprenoides
pueden suprimir el crecimiento de tumores inhibiendo la HMG-CoA reductasa
(el factor que limita el ritmo de síntesis del colesterol).
Además, los
terpenoides como el limoneno, el geraniol, el mentol y la carvona actúan
como anti-carcinógenos induciendo la enzima desintoxicante GST
(34). En conjunto, los terpenoides y los tocotrienoles incrementan la
latencia de los tumores y disminuyen la multiplicación de los
tumores. Además, estos mismos compuestos provocan una importante
reducción de los niveles de colesterol total y LDL (34-36), reduciendo
de ese modo el riesgo de enfermedad cardiaca.
Los beneficios
del lino
La harina derivada de la linaza (semilla de lino) se está utilizando
cada vez más en los productos de panadería para proporcionar
no sólo un sabor intenso sino también para incrementar
los beneficios nutricionales y para la salud del producto final. El
uso de semillas de lino puede reducir tanto el nivel de colesterol total
como el LDL en sangre debido a su bajísimo contenido en grasa
saturada (37). El aceite de linaza es una de las más ricas fuentes
de ácidos grasos omega-3 que se conocen, puesto que el ácido
linolénico representa el 55% del aceite. Esto proporciona al
lino su efecto anti-inflamatorio (y por tanto su posible utilidad para
el tratamiento del lupus, la artritis y distintas alergias) y su capacidad
de potenciar el sistema inmunológico (38).
La semilla de lino es también una fuente de lignanos extremadamente
rica. Los lignanos vegetales son convertidos en lignanos de los mamíferos
(enterolactona y enterodiol) mediante fermentación bacteriana
en el colon (39). Estos lignanos parecen ser anti-carcinogénicos.
Los metabolitos del lignano presentan una similitud estructural con
los estrógenos y pueden unirse a los receptores estrogénicos
e inhibir el crecimiento del cáncer de mama estimulado por los
estrógenos (40-42). La excreción urinaria de lignanos
se reduce en las mujeres con cáncer de mama, mientras que el
consumo de harina de linaza aumenta el nivel urinario de dichas sustancias
de 8 a 18 veces (43).
Los flavonoides
Los múltiples flavonoides de las plantas (frutas, verduras, frutos
secos y cereales) poseen amplias propiedades biológicas que promueven
la salud humana y ayudan a reducir el riesgo de enfermedades. Los flavonoides
expanden la actividad de la vitamina C; actúan como antioxidantes;
protegen el colesterol LDL de la oxidación hacia óxidos
de colesterol peligrosos; inhiben la agregación plaquetaria,
y poseen actividad anti-inflamatoria y antitumoral (44, 45).
La quercetina es el principal flavonol en la dieta occidental. Algunas
fuentes ricas de quercetina son las cebollas rojas y amarillas, la col
rizada, el brécol, la uva roja, las cerezas, las judías
verdes, las manzanas y los cereales. La quercetina posee tanto actividad
anti-carcinogénica como capacidad para inhibir la oxidación
del colesterol LDL (46). El Estudio Zutphen de Holanda, realizado sobre
hombres ancianos, encontró que la ingesta de flavonoides estaba
inversamente asociada con la mortalidad por enfermedad cardiaca y la
incidencia de ataque al corazón durante un período de
5 años. Aquellos que tenían el mayor consumo de flavonoides
presentaban un 60% menos de mortalidad por enfermedad cardiaca que los
que menos flavonoides consumían (47).
El vino tinto y
el mosto o jugo de uva (pero no el vino blanco) contienen un nivel considerable
de flavonoides fenólicos y pigmentos rojos (antocianinas). Estos
compuestos pueden actuar como antioxidantes, protegen frente a la oxidación
del colesterol LDL e inhiben la agregación plaquetaria, proporcionando
por consiguiente protección frente a la enfermedad cardiaca (48-50).
Los componentes fenólicos del vino tinto, más que su contenido
de alcohol, son los que han demostrado reducir los niveles de colesterol
LDL y de lipoproteína (a) (51). Podemos encontrar niveles considerables
de los compuestos fenólicos antioxidantes en las uvas y el jugo
de uva no fermentado (mosto) (44).
Una gran variedad
de compuestos fenólicos, además de los flavonoides, están
ampliamente distribuidos en los cereales, frutas, verduras y hierbas,
de modo que no es raro llegar a consumir hasta 1 gramo de compuestos
fenólicos cada día. Estas sustancias influyen en la calidad,
aceptabilidad y estabilidad de los alimentos, actuando como saborizantes,
colorantes y antioxidantes (52). Los compuestos fenólicos (tales
como los ácidos cafeico, elágico y ferúlico, el
sesamol y la vainillina) también muestran actividad anti-carcinogénica
e inhiben la aterosclerosis (52).
Colorea tu vida
Los pigmentos proporcionan mucho color a nuestros alimentos y enriquecen
el placer de la experiencia gastronómica. Actualmente, se conocen
cerca de 2000 pigmentos vegetales de nuestros alimentos, que incluyen
más de 800 flavonoides, 450 carotenoides y 150 antocianinas (53).
Estos pigmentos hacen algo más que atraer nuestros sentidos;
también nos protegen frente a las enfermedades.
Las antocianinas son los pigmentos rojizos, solubles en agua, que se
encuentran en muchas frutas, como las fresas, las cerezas, las moras,
las frambuesas, los arándanos, las uvas y las grosellas. Como
las antocianinas inhiben la HMG-CoA reductasa y por tanto inhiben la
síntesis de colesterol, estas frutas proporcionan protección
frente a la enfermedad cardiaca. Los carotenoides son potentes antioxidantes
que actúan aplacando a los radicales libres y proporcionando
protección frente al daño oxidativo, y estimulan la función
inmunológica. Las personas con altos niveles de carotenoides
en sangre presentan un menor riesgo de enfermedad cardiaca y de cáncer
(54-56). Los carotenoides son los pigmentos presentes en las hortalizas
amarillas/anaranjadas, rojas y verdes, y en las frutas amarillas /anaranjadas.
Diversos estudios
randomizados a gran escala (como el Estudio de Salud de Médicos
y el Estudio de Salud de Mujeres) se están llevando a cabo para
determinar los beneficios para la salud y la seguridad de tomar suplementos
de beta-caroteno y otros antioxidantes en poblaciones bien alimentadas.
Los resultados de algunos ensayos clínicos han sido decepcionantes
en cierta medida, pues los suplementos fueron incapaces de proporcionar
un efecto protector sustancial frente la enfermedad cardiaca o el cáncer
(57). Por otro lado, el consumo de alimentos ricos por naturaleza en
beta-caroteno, licopeno, luteína u otros carotenoides sí
está firmemente asociado con un menor riesgo de cáncer
o enfermedad cardiaca (54, 55).
Los pigmentos aislados
de la cáscara que recubre la semilla de judía Phaseolus
vulgaris, las alubias normales, exhiben una fuerte actividad antioxidante.
Estos pigmentos antocianinas juegan un papel importante en la protección
química de la judía frente al daño oxidativo (58).
Cuando ingerimos las judías los pigmentos pueden también
proporcionar protección al consumidor ante el daño oxidativo
de los lípidos de las membranas celulares, así como complementar
el trabajo de las vitaminas C y E.
Protección
adicional de las hierbas
Los compuestos que estimulan la actividad del glutatión S-transferasa
(GST) se consideran inhibidores del cáncer. Algunas sustancias
que estimulan la actividad del GST son los ftalatos de la semilla del
apio, los sulfuros del ajo y la cebolla, las ditioltionas y los isotiocianatos
del brécol y otras verduras crucíferas, los limonoides
agrios de los cítricos y las curcuminas del jengibre y la cúrcuma
(12, 28, 59).
El romero, la salvia, el orégano, el tomillo y otras hierbas
aromáticas que pertenecen a la familia de las Labiadas poseen
una fuerte actividad antioxidante (60). Por ejemplo, el romero y la
salvia contienen niveles considerables de carnosol y ácido ursólico,
potentes antioxidantes que poseen actividad antitumoral (61). El jengibre
contiene una docena de compuestos fenólicos, conocidos como gingeroles
y diarilheptanoides, que poseen una actividad antioxidante que es incluso
mayor que la del alfa-tocoferol (vitamina E) (62). Los compuestos responsables
del sabor de muchas hierbas y condimentos comunes son terpenoides, similares
a aquellos mencionados anteriormente en las frutas, verduras y cereales.
Se sabe que los terpenoides de las hierbas son efectivos agentes quimiopreventivos
en el cáncer (63-67).
El ajo, las cebollas
y otros miembros de la familia Allium son ricos en sulfuros y otras
sustancias protectoras. El ajo contiene diversos sulfuros de alilo que
se sabe que reducen la tendencia a formarse coágulos de sangre,
reducen significativamente los niveles de colesterol total y colesterol
LDL y disminuyen el riesgo de muchos tipos de cáncer (68, 69).
Sin lugar a dudas, una dieta en la que las hierbas son empleadas generosamente
para aromatizar los alimentos proporcionará una gama de fitoquímicos
activos que favorecen la salud y protegen frente a las enfermedades
crónicas. Otros productos herbales usados con frecuencia se ha
comprobado que proporcionan protección o mejoría en diversas
dolencias comunes (70).
Conclusión
Vemos claramente que, con semejante variedad de fitoquímicos
protectores en las frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos,
legumbres y condimentos herbales, el consumo regular de estos alimentos
es esencial para asegurar una población más saludable
con índices menores de enfermedad cardiaca y cáncer (3).
Según la Pirámide Alimentaria de la USDA, se recomienda
a los adultos consumir entre 5 y 9 raciones diarias de frutas y verduras.
Puesto que muy pocos consumidores norteamericanos alcanzan esos niveles
de consumo, muchos podrían sin duda beneficiarse de un incremento
sustancial en su consumo de frutas y verduras.
Aunque las vitaminas antioxidantes C y E y el beta-caroteno aparentemente
presentan una baja toxicidad (71), los beneficios de un consumo regular
y a largo plazo de suplementos de antioxidantes están lejos de
ser concluyentes y esperan confirmación adicional mediante estudios
a gran escala (57, 72). Por otro lado, el consumo regular de alimentos
que son por naturaleza ricos en antioxidantes (frutas, verduras y cereales
integrales) está positivamente asociado con importantes beneficios
para la salud. Estos alimentos contienen cientos de antioxidantes, y
al menos algunos de ellos actúan sinérgicamente (73).
Adicionalmente, la seguridad de consumir extractos concentrados de frutas
y verduras que contienen niveles muy altos de fitoquímicos es
desconocida y carece de base en la actualidad. La mejor manera de obtener
los beneficios protectores de una dieta rica en fitoquímicos
es el consumo frecuente de frutas, verduras y cereales integrales.
Winston J. Craig,
PhD, RD
Profesor de Nutrición de la Universidad Andrews, Berrien Springs,
MI, EE.UU.
Publicado originalmente en Vegetarian Nutrition - http://www.vegetariannutrition.net/
Traducción
realizada por David Román, previa autorización
expresa
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articulo publicado en la revista VEGETUS
de la Unión Vegetariana Española www.unionvegetariana.org
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