
No sólo las ballenas corren peligro y necesitan ser salvadas,
también lo requieren sus familiares directos; los delfines.
Sí, aquellos maravillosos animales que disfrutan de la
compañía humana desde tiempos inmemorables, navegando
a la par de embarcaciones o acercándose a los bañistas,
esos animales que se cree capaces de ayudar a niños autistas
y con otras discapacidades (delfinoterapia), estos animales cuyo
principal exponente, Flipper, un delfín mular o nariz de
botella (Tursiops truncatus) alegró a tantos con sus televisadas
aventuras submarinas.
¿Quién es capaz de hacerle daño a estas adorables
criaturas? Todos nosotros. ¿De qué forma? Entre
las actividades humanas que han venido perjudicando a los delfines
y por consiguiente, reduciendo sus poblaciones mundiales, podemos
señalar la polución de mares y ríos, la sobrepesca
que diezma sus fuentes de alimento y tiende mortíferas
redes a su alrededor, el cambio climático, y los acuarios
(no sólo mueren muchos animales en cautiverio, sino también
durante las operaciones de captura, transporte y adaptación).
Dado que la contaminación (derrames de petróleo,
vertido de aguas cloacales y sustancias peligrosas, etc.), el
cambio climático y aún la industria pesquera son
monstruos muy grandes, donde es más difícil intervenir,
las opciones que quedan para ayudar a los delfines son; no comer
su carne ni ningún producto derivado de ellos, evitar comer
alimentos donde estén involucrados, como por ejemplo el
atún y la centolla, y por último, no visitar acuarios
ni ningún establecimiento donde se presente shows de delfines.
Alimentarse
de pescado
Mucha
gente se alimenta de pescado, es curioso observar cómo
incluso algunos vegetarianos; que han dejado de lado las carnes
de vacas, pollos y cerdos, mantienen una dieta a base de peces,
los denominados pisci-vegetarianos, aduciendo a los beneficios
nutricionales de este alimento como ácidos grasos Omega-3,
mucho fósforo y pocas grasas; a pesar de que estas cualidades
pueden encontrarse también en varios alimentos vegetales.
Otros, tal vez sostengan que los peces no merecen la misma consideración
moral de vivir libres de crueldad que sí se ganaron los
"animales de granja". Puede que su pequeño tamaño
induzca a pensar que no tienen inteligencia, o sensibilidad; autómatas
que viven para vagabundear por las aguas. A propósito de
este punto, cabe destacar que el famoso tiburón blanco,
el admirado pez espada y el colosal tiburón ballena (el
pez más grande del mundo con sus aproximadamente 22 metros
de largo), entre otros magníficos animales, son peces.
A
la pesca del atún
La
industria pesquera del atún ha recibido publicidad adversa
y merecida, ya que ha matado más delfines en los últimos
35 años que cualquier otra actividad humana. Es directamente
responsable de la muerte de 6-12 millones de delfines manchados
(Stenella attenuata) y acróbatas (Stenella longirostris),
así como de otras especies. En el peor período,
la década de los sesenta y principios de los setenta, la
industria del atún mataba medio millón de delfines
al año.
Los problemas dieron comienzo en 1959, cuando se introdujo un
nuevo tipo de red, una especie de traína, para la captura
de atunes de aleta amarilla en el Pacífico tropical oriental
(desde el sur de California a Chile, en una zona del tamaño
aproximado de Canadá).
Llegó en un momento en que los pescadores de atún
comenzaban a utilizar a los delfines para localizar a sus presas
(los delfines y los atunes suelen nadar juntos, pero sólo
los delfines precisan salir al aire a respirar). Este tipo de
pesca consiguió capturar más atunes, pero también
sentenció a millones de delfines a una muerte lenta atrapados
en las redes.
Tras años de protestas públicas, aún sigue
la matanza de atunes-delfines, aunque en una escala menor. La
industria pesquera del atún está ahora sometida
a una serie de normas y regulaciones, desde los orificios de escape
especiales en las redes (que permiten la salida de los delfines)
a la presencia de observadores oficiales en los buques atuneros.
La introducción en 1990 del atún "dolphin safe"
(no nocivo para los delfines) fue un paso más en la dirección
justa, aunque no hay aún ningún mecanismo independiente
que obligue a verificar la verdad de tales afirmaciones. Ya se
han detectado a varias compañías haciendo trampas
en este sentido.
Cada
uno de nosotros puede ayudar a los delfines
Facundo Moyano