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| LA CURA DE LA UVA
Por el Dr. Eduardo Alfonso Son los frutos
en racimo de la Vitis vinífera, de la familia de las Ampelídeas.
Existen, además de la vid común, europea y asiática,
otras especies americanas, como la rupestrix, oestivalís, cordifolía,
etc., que comprenden diversas variedades. Contienen también
las uvas 1% de albúmina y 1% de sales minerales vitalizadas
(sulfatos, fosfatos, silicatos, malatos, citratos, racematos), y las
pasas 2 % de albúmina y 1,5 de sales. El hollejo y las semillas
son laxantes, propiedad que es reforzada por el ácido tartárico
que contienen. El azúcar
de las uvas tiene la propiedad de disolver las sales de cal (fosfato
y carbonato), por lo que es indispensable para evitar el acúmulo
de depósitos calcáreos en los tejidos, que son características
de la vejez, y para regular el cambio de sales calizas en los órganos
en crecimiento, por lo cual son insustituibles en los niños,
que por instinto desean el valiosísimo fruto. La "cura de uvas" ha sido elogiada desde la más remota antigüedad como un admirable recurso terapéutico. Plinio, Galeno y otros sabios hicieron su apología. Las uvas obran como agente alcalinizante, cuyo principio activo más importante es el carbonato de potasio, formado en el organismo por la transformación de las sales anteriormente citadas. He aquí
como recomienda la cura de uvas el profesor Garrido-Lestache, en los
siguientes párrafos, al final de los cuales termina dándonos
la razón a los que sostenemos la creencia en la naturaleza
frugívora del hombre: Cualquier clase
de uvas es buena para realizarla, pero es preferible el "albillo"
conviniendo emplear con moderación, acaso excepcionalmente,
el moscatel y otras uvas muy ricas en azúcar, tanino, etc.
Hay que recoger la uva en el momento de ir a comerla, pues si lleva
varias horas fuera de la cepa y con mayor motivo varios días,
es uva muerta, cuyos fermentos se modifican con rapidez y cuya composición
molecular no tarda en ser muy diferente de la uva comida en la cepa
misma. Hay que lavar
cuidadosamente las raciones con agua fresca. Los granos de uva deben
ser cuidadosamente masticados y los enfermos que no posean un estómago
fuerte, deberán escupir los hollejos y las semillas. Debe principiarse
tomando 500 gramos para llegar al cabo de unos días a la dosis
máxima: 2000 y 2500 gramos; tres kilos representa una dosis
considerable; cinco kilos empleados por ciertos especialistas renanos,
parecen peligrosos, salvo para los alemanes, cuyo estómago
es muy resistente. La duración de la cura son dos, tres, excepcionalmente cuatro o cinco semanas. La cura de uvas es muy útil a los que tienen estados constitucionales que dependen de la discrasia ácida (gota, artropatías crónicas gotosas, uricemia), afecciones gastrointestinales, enfermedades del hígado, aparato urinario, anémicos, cloróticos, tuberculosos incipientes, pretuberculosos, etc. Está contra indicada en los individuos que tienen intolerancia gástrica para las uvas (que es rara pero existe), dispepsias hiposténicas, lesiones ulcerosas con hipersecreción, diabetes sacarina, desequilibrio circulatorio de las cardiopatías mal compensadas, nefritis agudas o subagudas de fecha reciente, etc. Una cura de uvas es útil, pero no puede prolongarse mucho su influencia si no va seguida de una modificación profunda en la alimentación habitual del enfermo, sobre todo de los artríticos, uricémicos y oxalémicos, a quienes conviene especialmente la cura de uvas. Hay que prolongarla en el resto del año, recurriendo a un régimen en que predomine la fruta, naranjas, limones, cerezas, fresas (cuando son bien toleradas), grosellas, duraznos y ciruelas. En las primeras fases de su evolución el hombre era, sobre todo, frugívoro (su dentición lo demuestra) y el régimen frutariano, la cura de uvas, no es, en el fondo, sino un retorno a las condiciones de vida ancestrales, régimen muy bien hecho por oponerse al abuso actual de la alimentación carnea. El hombre no es un carnívoro, Ha llegado a serlo por medio de una lentísima adaptación, y el exceso de carne es para el más peligroso que otro alguno. Para remediarlo, aconséjese el régimen vegetariano y particularmente la cura de uvas".
Por el Dr. José Luis Ignatov y la Asociación Interamericana de Biocultura
La uva es un excelente
alimento para niños y adultos. Los niños que desde los
primeros días de vida son alimentados con zumo natural de uvas,
se desarrollan de una manera extraordinaria, tanto física como
mentalmente. Este zumo se prepara exprimiendo las uvas y pasándolas
por un colador; se comienza dando una cucharadita de este zumo antes
de la mamadera, a los 15 días. Al mes se le dan dos cucharaditas,
y así se va aumentando paulatinamente hasta que a los tres
meses se le puede dar 50 gramos en cada vez, dos veces por día,
ya sea con la mamadera o en los intervalos. El zumo se le dará
en el biberón. En la temporada se deben comer uvas en abundancia, no como postre (pues no combinan con verduras y alimentos salados), sino usando sólo uvas en una comida, por ejemplo en el desayuno o en la cena. Zumo de Uvas Es una bebida
sin alcohol preparada de las uvas exprimidas, y que se guarda en botellas
durante todo el año. Manera de preparar Zumo de Uvas al Natural Se eligen uvas bien frescas y dulces, de preferencia las francesas o la uva chinche; se colocan las uvas desgranadas y lavadas en una olla grande al fuego hasta el punto de ebullición (cuando empieza a hervir); luego se exprimen bien, pudiendo para esto usar una tela metálica muy fina; seguidamente este zumo ya exprimido se pone al fuego hasta el punto de hervir; en otra olla grande se ponen las botellas en agua fría y luego se pone la olla en el fuego, hasta que hierva el agua. Cuando el zumo comienza a hervir, se embotella en las botellas calientes, las cuales se tapan bien, ya sea con la tapita metálica o con corcho. Después de envasado, las botellas deben ser sumergidas totalmente en el agua y llevadas al fuego hasta que el agua hierva. A esta altura está terminado el proceso y el zumo puede guardarse durante todo el año. La Uva en la terapéutica Natural Lo que sigue es
un extracto de los comentarios del investigador doctor L. Ochoa, sobre
las cualidades medicinales de esta importante fruta. La cura de uvas
fue empleada desde épocas muy antiguas en una multitud de males;
fue recomendada por Plinio, Celso, Dioscórides y Galeno y en
general todos los antiguos romanos familiarizados con la cura de uvas,
pues la usaban para combatir las inflamaciones del estomago, males
del hígado y vesícula biliar, hidropesía y condiciones
febriles en general. Esta cura es eminentemente
alcalina y Buchard la ha calificado de “tratamiento alcalino potásico
tan potente como inofensivo”. La cura de uvas
consiste en la ingestión de ½ kilo de uvas el primer
día, aumentando gradualmente los días sucesivos hasta
llegar a 3 kilos; excepcionalmente puede sobrepasarse esta cantidad.
Cada día se divide en 3 o 4 porciones, debiendo ser la primera
dosis de la mañana la más abundante, y tomada en ayunas. Para la cura de uvas habrá que disponer de las frescas, es decir de las recién recogidas (mejor si el enfermo pudiera tomarlas en la misma viña); luego se las lavará perfectamente y serán muy bien masticadas, en especial los hollejos; pero los pacientes de estómago débil deberán prescindir de las semillas y la piel. Durante esta cura se evitará la carne, harina y todos aquellos alimentos de difícil digestión, como son grasas, condimentos, etc., así como los alimentos crudos, frutas, ensaladas, etc. Se suprimirá también toda clase de bebidas alcohólicas y estimulantes, como café, chocolate, etc., lo mismo que las aguas minerales y la leche. A algunos sujetos les está permitido usar con cada ingestión de uvas durante esta cura, una rebanada de pan integral de trigo. Algunas veces ocurren desagradables efectos o diversas reacciones en los comienzos de la cura de uvas, como diarreas, dolor de muelas, y en 135 personas de constitución sensible, angustia, palpitaciones del corazón, perturbaciones del bazo, hemorragias nasales, etc.; sin embargo, todo esto no debe causar ninguna alarma, ya que son simplemente signos de la «muda» del cuerpo. Además, durante esta cura se ha demostrado que en un caso de enfermedad hay una capa de mucosidad adherida a 135 paredes intestinales, y como puede comprenderse fácilmente el alimento asimilado a través de dicha capa entrará 31 cuerpos en una condición envenenada. Las uvas, pues, parecen ser los disolventes de dichas mucosidades a las órdenes de 13 Naturaleza. Cantidades de mucosidades en forma de hileras viscosas 0 bola y secciones de fangosas membranas intestinales enfermas, son lavadas por 135 irrigaciones del colon. Al mismo tiempo, el aliento se vuelve fétido, los poros obstruidos y 13 orina espesa; es decir, que todas las avenidas de eliminación han sido aceleradas por la química de la uva. La cura de uvas se puede practicar para las siguientes enfermedades: reumatismo, gota, artritismo, cálculos hepáticos y renales, enfermedades de los riñones, hemorroides, escrofulismo, tumores, enfermedades nerviosas, neurastenia, enfermedades gastrointestinales, trastornos digestivos, dispepsia, catarro intestinal, acidez gástrica no aguda, colitis mucomembranosa, diarreas crónicas, hiperemia, uremia, cistitis, anemia, clorosis, ictericia, enfermedades del sexo femenino, bronquitis, tuberculosis pulmonar, asma, catarro anual de la nariz, epilepsia, bocio, cataratas, intoxicaciones por el plomo y el mercurio, etc. Posiblemente no faltará quien diga que el hecho mismo de recomendarse esta cura en tantísimas enfermedades es una farsa; esta observación sería justificada si la cura de uvas atacara solamente los síntomas. Además, es una prueba de la creencia expresada por Sir Arbuthnot Lane, que «solamente hay una causa de enfermedad». Todos los venenos nosotros los manufacturamos dentro de nuestros propios cuerpos, con los alimentos inapropiados que consumimos. La uva, como una fruta disolvente y eliminadora, tiende a aumentar la actividad intestinal, ejerciendo una acción laxante, debido también a su alto contenido en azúcar junto con el ácido tartárico. Además,
posee la propiedad de desembarazar el cuerpo de excesiva e indeseable
agua, por estimulación de la actividad renal. Se cree también
que el azúcar que encierra tiene una favorable acción
sobre la putrefacción intestinal. Muchos médicos franceses han dado a conocer los favorables resultados que han obtenido con la cura de uvas en casos crónicos de enfermedades de los riñones, y otros 13 han encontrado de gran valor para la gota, obesidad y ciertas afecciones pulmonares. La erupciones de la piel, salpullidos, ronchas y escozor, debido a envenenamientos por putrefacción en los intestinos, han sido disipados con generosas porciones de uva; ésto, como sabemos, debido a la acción antiséptica que ejercen las uvas sobre los procesos de descomposición ya la directa acción laxante sobre la pared intestinal, librando de este modo de todas las materias de desecho. El efecto, pues,
que produce la cura de uvas, es el de un lavado interno del organismo,
a semejanza de otras bebidas similares o curas de eliminación.
Aparte de la remoción de morbosidades, sustancias tóxicas
y del lavado de la sangre, hay un reacondicionamiento y reconstrucción
de sangre por reemplazo de la eliminación mineral, elevando
la alcalinizad de aquella a causa de su alto contenido alcalino. Ya que esta cura consiste, como hemos dicho, en una suave y agradable eliminación y limpieza, está también indicado en casos de digestión lenta e hiperacidez de la sangre, donde los productos venenosos de eliminación se acumulan en las venas, articulaciones y otros tejidos, por lo cual todo el organismo es purificado y se efectúa el retorno a un normal proceso eliminatorio. La aplicación
de la cura de uvas incluye, por esto, la gran masa de desórdenes
de la asimilación; desde el simple exceso de ácido úrico
a la obesidad, reumatismo, gota y la gran multitud de enfermedades
grumosas de la sangre, y desde el general y local estancamiento sanguíneo
hasta los males nerviosos y, algunas veces, hasta las afecciones asmáticas.
"Los ácidos orgánicos de la uva son fuertemente
antisépticos, y sus efectos sobre las encías y los dientes
son muy valiosos pues no siempre conviene hacerse arrancar los dientes
al primer síntoma de dolor, ya que ha sido comprobado que una
excelente dieta de uvas de unas pocas semanas de duración hace
desaparecer los venenos que se hallan en las raíces, que a
menudo son ellos los que originan los dolores. Una manera espléndida de efectuar un diagnóstico del estado de la salud, es someter al enfermo a una cura de uvas, pues muchas condiciones existentes en su cuerpo y que no las notaba sino vagamente se tornan aparentes durante esta cura. El valor terapéutico de la uva es, pues, inestimable, por ser un tónico maravilloso. Guarda una reacción vital con el elemento principal (proteínas) del protoplasma de la célula, ya ello se debe el que sea un rápido reparador del tejido destrozado. Se mantiene, pues, preeminente como un constructor de músculos. Es recomendable
durante la cura de uvas practicar ejercicios físicos, de acuerdo,
naturalmente, con la constitución y enfermedad del paciente. El hecho de que
la uva se produzca solamente 3 o 4 meses al año, debe ser tomado
en consideración para aprovechar en lo posible, en dicho tiempo,
las virtudes valiosísimas de esta fruta.
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