|
|
| Otro
de los grandes problemas a que tuvieron que enfrentarse las autoridades
soviéticas fue la evacuación de las poblaciones directamente
afectadas por el accidente. Después del cúmulo de
inexactitudes y errores que se publicaron sobre el hecho hoy tenemos
una idea bastante exacta de lo ocurrido. Parece ser que el mismo día 26 fueron evacuadas las personas que vivian en la residencia para operarios a 1,6 km de la central. Unas mil familias fueron evacuadas usando medios locales de transporte a través de un portón tendido sobre el rio Pripiat para huir de la zona más contaminada sin atravesar la pluma radiactiva. Al mismo tiempo en Kiev y los alrededores se requisaron 1.100 autobuses conducidos en parte por voluntarios. Esto permitió que 36 horas después del accidente fueran evacuadas cincuenta mil personas que vivian en un área de 30 kilometros en torno a la central. El núcleo principal era la ciudad satélite de Pripiat con unos veinticinco mil habitantes que se evacuó en tres horas. Muchos de ellos fueron desalojados de sus casas en contra de su voluntad y el ejército hubo de emplearse con contundencia. Los animales domésticos y de labranza fueron sacrificados. Se formaron caravanas de más de 30 km de longitud. Finalmente fue desalojada la ciudad de Chernobil, con algo más de 40.000 habitantes, que se encontraba en el límite de los 30 km. Este desalojo se produjó seis días después del accidente y se tardó más de tres días. Esta ha sido la principal crítica que se ha vertido sobre las autoridades soviéticas: la demora en evacuar Chernobil. Para atender a estas personas se contó con unos 1300 médicos y dosimetristas y 300 ambulancias para desplazar a los irradiados al hospital. |
![]() |
La
situación
La situación
actual de la seguridad de la planta es simplemente inadmisible y suscita
serias preocupaciones. Por un lado la seguridad de los reactores tipo
BRMK, como el de Chernobil, está seriamente en cuestión,
incluso por los organismos más pronucleares. Por otro lado el
estado del sarcófago de hormigón que aisla el núcleo
del medio ambiente es catastrófico. Piénsese que se construyó
con enorme precipitación y en un ambiente extremadamente radiactivo.
En su estado actual permite la filtración de grandes cantidades
de agua al núcleo del reactor, lo cual hace que se pueda modificar
la geometría del combustible que todavía se guarda en
su interior, con el consiguiente riesgo de que se reinicie la reacción
nuclear. Por otro lado la construcción podría derrumbarse,
permitiendo nuevos escapes radiactivos al medio ambiente y, lo que sería
más grave, podría afectar en su derrumbe a uno de los
dos grupos en funcionamiento, con lo que se podría originar un
gravísimo accidente y repetirse así la pesadilla de 1986.
Un informe
de un grupo de científicos pertenecientes a seis compañías
de tres países, ponía de manifiesto lo peligroso que resulta
mantener los dos reactores restantes en funcionamiento. Este informe
se centraba, sobre todo, en la debilidad estructural del llamado Bloque
B, edifico adyacente del reactor número 2 y del número
4, que sufrió el accidente. El bloque B podría derrumbarse
de un momento a otro, puesto que sufrió los efectos del accidente
del reactor 4, y afectar a importantes equipos del reactor número
dos, provocando un grave escape radiactivo al medio ambiente. Este informe
ponía de manifiesto que los residuos radiactivos esparcidos por
la zona son diez veces más que los calculados tras el accidente:
En total unos 700.000 m3 de escombros radiactivos (unas seis veces la
capacidad del cementerio de El Cabril en Córdoba), más
unas 200 toneladas de combustible gastado que será tóxico
durante cientos de miles de años. Además, el informe llama
dramáticamente a la construcción de un segundo sarcófago
que recubra al primero, que ya se encuentra seriamente dañado
y permite la fuga de radiactividad y las filtraciones de agua.
Además
existen en un radio de 30 km en torno a Chernobil unos 800 almacenes
de residuos radiactivos, que se han venido recogiendo en las labores
de descontaminación. Estos almacenes están mal controlados
y vigilados. Se sabe que las medidas de seguridad y de aislamiento de
muchos de ellos son más que precarias, debido a la celeridad
y a las penosas circunstancias en que fueron construídos.
El coste total
hasta la fecha, sin incluir los futuros casos de cáncer y malformaciones
congénitas, ni los daños irreparables al medio ambiente
que se han producido, se han estimado por una fuente independiente en
unos 38 billones de pesetas. Este coste tiene en cuenta el tratamiento
médico (2,6 billones); la limpieza de las zonas afectadas, los
movimientos de población, evacuaciones y realojos (otros 2,6
billones) y la descontaminación (33 billones, todavía
por invertir). Estos costes son del mismo orden de magnitud que los
presupuestos del Estado español. Podemos entonces deducir lo
que supondría una catástrofe de similares características
en alguna de las centrales españolas para la economía
de nuestro estado.
Las cifras oficiales
del gobierno ucraniano cifraban en más de 100.000 las víctimas
mortales que se habían producido hasta la fecha, sin embargo
la conferencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
celebrada en marzo de 1995 en Ginebra, desecha estas cifras. En la actualidad
hay un consenso en situar la cifra de muertos entre 8.000 y 10.000 personas.
La OMS distingue tres áreas de trabajo para mitigar, en lo posible,
los efectos del accidente:
1) Problemas sicológicos por el cambio de vida y el temor a las
consecuencias de la radiación (neuralgias, transtornos intestinales,
insomnio, pérdida de concentración, alcoholismo y estrés).
2) Cánceres infantiles de tiroides (especialmente en los niños
que tenían menos de 5 años en el momento del accidente),
que se han revelado como uno de los efectos más claros, más
dolorosos y más violentos.
3) Los cánceres futuros en niños y adultos y las enfermedades
debidas a a radiactividad (aumento de leucemias, cánceres de
pecho y vejiga y enfermedades del riñón). Se estima que
unas 500.000 personas podrían verse afectadas por
cánceres de diferentes tipos en los próximos diez años.
En la región de Gomel (Bielorrusia) los cánceres de tiroides
en niños de menos de 15 años se han multiplicado por 100
a partir de 1991 hasta marzo de 1995. Los informes para Rusia y Ucrania
son todavía incompletos pero muestran que el índice de
cánceres de tiroides en niños de menos de 15 se ha multiplicado
por un factor que va de 10 a 60, dependiendo de la proximidad a Chernobil
de las zonas estudiadas. Por otra parte, el número de leucemias
infantiles en la zona de Chernobil fue 3 veces el normal en 1986, 8
veces en 1990 y 5 veces en 1993.
El estado de salud de los "liquidadores" (las personas que
han trabajado en la descontaminación) muestra también
los terribles efectos de la radiación. El número de tumores
que han aparecido en este colectivo se ha multiplicado por 2,6. Y en
el grupo de grado 1 (los más expuestos a las radiaciones) se
ha multiplicado hasta por 5,7 veces. Los grupos más
jóvenes (los que cuentan en la actualidad con edades entre 40
y 49 años) parecen ser los más susceptibles a sufrir enfermedades.
Las enfermedades originadas por la radiactividad han sufrido un incremento
notable en todos los grupos de edad, especialmente en los varones entre
18 y 39 años, en concreto han aumentado un factor entre 2,4 y
4,3 veces la incidencia de 1988. Las más frecuentes han sido
las enfermedades de los sistemas nervioso y circulatorio. En las mujeres,
sin embargo, han aumentado los tumores y las enfermedades digestivas
y respiratorias. Los niños de las zonas contaminadas sufren graves
inmunodeficiencias y sufren enfermedades respiratorias entre 8 y 9 veces
al año, además de daños en los sistemas endocrino
y circulatorio.
Situación radiológica de las zonas afectadas
Los niveles de radiación en la zona de Chernobil son enormes.
Se han registrado mutaciones en algunos animales como vacas y ratones
de campo. En el caso de estos últimos se han encontrado cambios
en el ADN que habrían tardado unos 10 millones de años
en producirse de forma natural. El material genético de un ratón
normal se diferencia del de estos ratones mutantes más que del
de las ratas. Para evaluar la importancia de este hecho hay que tener
en cuenta que los ratones y las ratas divergieron en la evolución
hace unos 15 millones de años.
Las zonas de exclusión y control, situadas respectivamente en
un radio de 30 y 120 km en torno a la central, se han revelado insuficientes
al encontrarse concentraciones de radioisótopos superiores a
las previstas fuera de las antedichas zonas.
Las áreas contaminadas con más radiación de 5 Ci
de Cs137 son 1.347.000 Ha en Bielorrusia, 377.500 Ha en Ucrania y 725.000
Ha en Rusia. Bielorrusia llevó la peor parte, pues se depositaron
en ella las dos terceras partes de los radionucleidos liberados en la
explosión, debido a que el viento soplaba hacia el Norte. El
23 % del territorio de Bielorrusia, en el que viven 2,105.400 personas,
400.000 de las cuales son niños, está contaminado con
más de 1Ci/km2. Unas 100.000 personas han tenido que ser evacuadas
de sus viviendas.
En Ucrania se depositaron entre el 25 y el 30 % de los radioisótopos
liberados en la explosión. En particular se calcula que el territorio
ucraniano recibió entre 230 y 280 miles de Ci de Cs137. De la
zona de 30 km en torno a la central se tuvo que evacuar a unas 130.000
personas.
El número de ciudadanos considerados oficialmente como víctimas
asciende a 3,014.263 personas. Entre ellas se encuentran 356.617 de
los llamados "liquidadores" y 870.128 niños. En la
actualidad todavía viven en zonas contaminadas 2,405.006 personas,
de las que 541,226 eran niños.
En la zona de exclusión total viven todavía 682 personas;
19.465 personas, de las cuales 3.429 son niños, viven todavía
en zonas que han sido evacuadas; 653.723 personas, entre las que hay
158.008 niños, viven todavía en la zona de evacuación
voluntaria y 1,731.136 personas, de las que 379.789 son niños,
viven en zonas de radiación intensa sometidas a control radiológico.
La gente, en general, ha sufrido mucho no sólo por las consecuencias
del accidente en sí, sino también por el proceso de control
radiológico, descontaminación y evacuación, que
les ha obligado a abandonar sus casas y sus formas de vida. En algunos
lugares, por ejemplo, el tiempo de permanencia a la intemperie está
limitado. Las personas que viven en zonas
contaminadas deben someterse a controles médicos periódicos.
El próximo cierre
El gobierno
de Kiev usa Chernobil como moneda de cambio en sus negociaciones con
los siete países más industrializados. Al fin, en abril
de 1994, el gobierno ucraniano se comprometió al cierre antes
del año 2000, ante las presiones del G-7, que acordaron el cierre
en la reunión que se celebró en Nápoles (Italia).
Las negociaciones entre estos sietes Estados y Ucrania se convirtió,
en realidad, en un regateo en que el gobierno de Kiev intentaba conseguir
más dinero y el G-7 intentaba que el cierre de Chernobil saliera
lo más barato posible: Una vez más la energía nuclear
permite a los gobiernos jugar con la seguridad de las personas y el
medio ambiente como moneda de cambio.
El coste del
cierre estimado por Kiev era de 4600 millones de dólares, que
incluiría la recolocación de los 5500 trabajadores que
todavía trabajan en la planta. Sin embargo el G-7, tras su reunión
de Halifax (Canadá), ha conseguido firmar un acuerdo en que se
compromete a pagar 500 millones de dólares a cambio de que el
cierre se produzca en una fecha indeterminada antes del año 2000.
Conclusión:
no se ha aprendido la lección
Cuando
se cumple el aniversario del accidente de Chernobil, la central continua
siendo una gravísima amenaza para toda Europa puesto que todavía
continúa en funcionamiento jugando con la seguridad de millones
de personas. La energía nuclear tiene poco más de 50 años,
pero el precio a pagar por las ventajas obtenidas de ésta energía
en este corto espacio de tiempo en la historia de la humanidad es inmenso.
El accidente de Chernobil es el más grave pero no es el único.
La historia nuclear está salpicada de catástrofes: Sosnovi
Bor, Harrisburg, Windscale,... y Vandellós son sólo alguno
de los tristemente famosos lugares azotados por accidentes nucleares
de más o menos importancia.
Está además
el problema de los residuos de alta actividad, que serán peligrosos
durante más de cien mil años. ¡Cien mil años
a cambio de cincuenta de obtener energía! Las generaciones futuras
nos recordarán con tristeza y quizá con rencor por ser
tan egoístas que les hemos dejado el terrible legado de los residuos.
Y todo para obtener una energía eléctrica
que podría obtenerse por medios más limpios.
Una muestra
de buen sentido, de respeto hacia las generaciones presentes y futuras
y al medio ambiente sería el cierre inmediato de todas las centrales
nucleares. Luchemos para que la humanidad supere esta breve aunque grave
mancha en su historia que es la era nuclear.

Fuente: Ecologistas en acción ecologistas@nodo.50.org
|
| Inicio | Acerca de UVA | Vegetarianismo/Veganismo | Artículos | Boletín | Restaurantes | Recetas | | Afiliación | Noticias | Escríbenos: uva@ivu.org |