Biológicamente hablando,
el dolor no es un hecho localizado. Es una sucesión de reacciones
que comienzan en el punto donde se localiza la lesión. Cuando
alguien nos pisa un pie, cuando nuestras articulaciones se irritan,
o cuando nos sacude una migraña el área dañada
envía una señal al cerebro a través del sistema
nervioso. Sólo sentimos dolor cuando nuestro cerebro recibe e
interpreta la señal. Si el área dañada o los nervios
se inflaman, el daño y el dolor pueden intensificarse.
Podemos atajar el dolor en cualquiera de las cuatro conexiones principales
de la cadena: la lesil1n inicial, la respuesta inflamatoria, el mensaje
que se envía a través de los nervios en forma de dolor
e incluso la percepción cerebral del dolor. En los siguientes
capítulos aplicaremos cada una de esas estrategias, dependiendo
del tipo de dolor que se padezca.
USAR ALIMENTOS CONTRA LAS
LESIONES y LA IRRITACIÓN
El dolor, por supuesto, es
una parte esencial de nuestra vida. Si no somos capaces de sentir una
quemadura cuando tocamos una estufa caliente o la picadura de una abeja
cuando nos rodea un enjambre, esa falta de estímulos podría
convertir una pequeña lesión en algo mucho más
grave. El dolor es una señal de peligro que hace que actuemos
con rapidez. Pero cuando el dolor no remite, necesitamos encontrar una
manera de atajarlo.
Para acabar con muchos tipos de dolor, tratamos de detener la lesión
local. Si, por ejemplo, nos doliera el pecho, nuestra prioridad no sería
impedir que los nervios transmitan el mensaje de dolor o impedir que
el cerebro lo reciba. Nuestro objetivo sería evitar un ataque
al corazón o, al menos, limitar en lo posible los daños.
A veces es necesario recurrir a un tratamiento de emergencia. En la
actualidad, los médicos disponen de muchos medios tecnológicos
para disolver las embolias y las placas aglomeradas. Tal y como veremos
en el capítulo 2, los cambios en la alimentación y en
el modo de vida pueden, a largo plazo, competir con los medicamentos
o con la cirugía para restaurar la circulación y prevenir
daños al corazón.
De igual modo sucede con las migrañas, el dolor de articulaciones,
los cálculos renales, los dolores en el aparato digestivo y los
herpes, entre otros tipos de dolor. En cada caso, los cambios en la
dieta o los complementos pueden ayudar a protegernos del asalto a los
tejidos. Los investigadores también han demostrado cómo
la dieta afecta al cáncer, con el ánimo de reducir el
riesgo de que reaparezca el dolor. Los alimentos no sólo pueden
ayudar a prevenir estas lesiones, sino que también pueden ayudar
a conformar tu respuesta corporal. Cuando te duelen las articulaciones,
por ejemplo, el dolor, la rigidez e incluso los propios daños
en las articulaciones están provocados por una respuesta inflamatoria
desmesurada. Como veremos en el capítulo 5, hay una serie de
componentes naturales que controlan la inflamación llamados prostaglandinas
y sus respectivas sustancias químicas, todas ellas compuestas
por rastros de grasa que se han almacenado dentro de las células.
Algunas grasas avivan las llamas de la inflamación, mientras
que otras las alivian. Por eso está en tu mano inclinar la balanza
hacia un lado o hacia otro cada vez que eches comida en tu plato.
De igual modo, los traumatismos no son la causa de las migrañas
ni tampoco los calambres menstruales. Por contra, los elementos químicos
de tu cuerpo que controlan la inflamación y el dolor necesitan
equilibrarse. Como ya veremos, las hormonas sexuales tienen un importante
papel en estos estados y posiblemente también en algunos tipos
de artritis. Los alimentos ejercen una gran influencia en la concentración
de esas hormonas en la sangre y en su efectividad.
El objetivo en cada una de esas situaciones no es procurar que no afecte
a la capacidad del cerebro para sentir dolor, sino en detener los efectos
del propio daño.
Los ALIMENTOS y LA FUNCIÓN
NERVIOSA
Independientemente de la
irritación o de los daños que puedan presentarse en cualquier
parte de nuestro cuerpo, no experimentamos ninguna sensación
hasta que el mensaje de dolor llega al cerebro. El dolor se transmite
a través de unas finas fibras nerviosas que conducen a la médula
espinal, donde se conectan con otras células nerviosas que llegan
directamente al cerebro.
Algunos métodos para reducir el dolor se centran en los propios
nervios. Un ejemplo de esto se observa en la diabetes. A veces estas
personas que han padecido la enfermedad durante varios años sienten
dolores en las piernas y en los pies. Esto se debe tanto a una reacción
tóxica en los nervios producido por el aumento del azúcar
en la sangre o a una mala circulación sanguínea en los
finos vasos que nutren a los nervios.
En la mayoría de los pacientes, estos problemas nerviosos y la
deficiente circulación empeoran con el tiempo. Sin embargo, recientes
estudios demuestran que una combinación de ejercicio y alimentación
disminuye el azúcar en la sangre, mejora la circulación
y, en muchos casos, alivia el dolor de forma rápida y decisiva.
De igual modo, se han tratado con éxito los síntomas nerviosos
del síndrome del túnel carpiano con la vitamina B6, que
probablemente actúa tanto en el sistema nervioso como en el cerebro.
Las guindillas contienen una importante sustancia llamada capsaicina,
que es lo que le da su sabor característico. Pero lo que resulta
verdaderamente importante es que, en una dosis adecuada, bloquean la
capacidad nerviosa de transmitir el dolor. Específicamente, reduce
el efecto de una sustancia química llamada P, que es el mensajero
químico que permite transmitir el mensaje de dolor desde un nervio
a otro. La capsaicina es el ingrediente activo que alivia el dolor y
se usa para la artritis, los herpes y en posmastectomía.
Por cierto, aunque los nervios que transmiten el dolor son muy finos
y más bien lentos a la hora de transmitir mensajes (son las carreteras
comarcales del sistema nervioso), los mensajes sensoriales de tacto
y presión viajan en grandes nervios que transmiten los mensajes
de manera mucho más rápida. Por esa razón, sabemos
que nos hemos golpeado el dedo del pie o la rodilla una fracción
de segundo antes de sentir dolor.
REFORZAR LA RESISTENCIA AL DOLOR
Nuestro cuerpo genera una
serie de analgésicos naturales llamados encefalinas (que literalmente
significa «en la cabeza») y endorfinas (como en «morfina
endógena»). La encefalina se forma en las glándulas
suprarrenales, unas pequeñas glándulas que se encuentran
en la parte superior de los riñones. Las endorfinas se forman
en la glándula pituitaria, en la base del cerebro. Ambas actúan,
en efecto, como la morfina. Su principal radio de acción es el
interior del cerebro y los propios nervios y también se trasladan
a través del riego sanguíneo. Las alucinaciones que a
veces se cuentan después de haber vivido una experiencia cercana
a la muerte se han atribuido a las endorfinas y encefalinas que se liberan
después de sufrir un trauma o un shock.
Para manipular esos analgésicos naturales acudimos al ejercicio
físico. Tal y como veremos en el capítulo 16, los investigadores
han demostrado la tolerancia al dolor en los atletas. Una carrera de
diez kilómetros estimula la liberación de endorfinas,
lo que equivale proximadamente a lO miligramos de morfina, siendo incluso
posible aprovechar las endorfinas mucho antes de recorrer esa distancia.
El aminoácido triptófano se ha usado para reducir el dolor.
Este aminoácido produce en el cerebro la serotonina, una sustancia
química cerebral que influye en la intolerancia al dolor, en
estados de ánimo y en el sueño. El triptófano se
hizo muy popular en Estados Unidos hasta que apareció en algunos
lotes un contaminante artificial y fue retirado del mercado. Sin embargo,
los alimentos con un alto contenido en hidratos de carbono incrementan
la concentración de triptófano en la sangre de forma segura
y fiable, e igual sucede en el cerebro. Para algunas personas, los alimentos
ricos en hidratos de carbono tienen un moderado efecto antidepresivo.
También pueden inducir al sueño ya veces reducen el dolor.
Los analgésicos, el calor y los masajes se han usado durante
mucho tiempo y resultan muy útiles para multitud de aplicaciones.
La acupuntura, utilizada desde tiempos remotos en Asia, se ha sacudido
el escepticismo inicial con el que fue recibida por la medicina occidental
y ha demostrado su eficacia. La quiropráctica tuvo que sostener
una dura batalla, pero de igual modo se ha establecido y representa
un papel importante en ciertos aspectos del tratamiento contra el dolor.
Los alimentos y la elección responsable de los complementos también
nos aportan un nuevo método para detener las lesiones locales
de los tejidos, reducir los impulsos del dolor dentro de los nervios
e incluso limitar la percepción cerebral del dolor. El recordatorio
de este libro detalla la aplicación de esos principios en cada
tipo específico de dolor.
Neal Barnard
Fragmento del libro “Alimentos que combaten el dolor”
Editorial Paidós